La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene como objetivo eliminar la hepatitis viral como amenaza para la salud pública para 2030. El objetivo exige una reducción del 90 % en las nuevas infecciones y una reducción del 65 % en la mortalidad asociada a los virus de hepatitis B (HBV) y hepatitis C (HCV), impulsada por la vacunación generalizada, la detección temprana y los tratamientos accesibles. En la actualidad, el subdiagnóstico es uno de los mayores obstáculos para alcanzar esta meta.
Las hepatitis virales representan uno de los desafíos más complejos para la salud pública. A diferencia de otras enfermedades infecciosas que se manifiestan de forma abrupta y evidente, las infecciones crónicas por los virus de hepatitis B (HBV) y hepatitis C (HCV) comparten una característica sumamente peligrosa: su capacidad para permanecer asintomáticas durante décadas. En la Argentina, se estima que miles de personas se hallan infectadas sin tener conocimiento de ello. El subdiagnóstico no solo expone al individuo a un daño hepático progresivo y potencialmente irreversible, sino que perpetúa la circulación comunitaria del virus, estructurando un riesgo sanitario para toda la población.

LA MAGNITUD DEL SUBDIAGNÓSTICO EN EL CONTEXTO ARGENTINO
En la Argentina, las estimaciones oficiales de los últimos años revelan una brecha diagnóstica significativa entre el número de personas infectadas y aquellas que han sido efectivamente diagnosticadas. Organizaciones internacionales como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señalan que en América Latina —con un reflejo directo en nuestro país— menos del 50 % de las personas infectadas con hepatitis B o C conocen su condición. Esto se infiere a partir de modelos matemáticos que permiten inferir el número total de personas infectadas mediante la aplicación de factores multiplicadores1.
Este desconocimiento funciona como una barrera temporal que retrasa el acceso médico hasta instancias donde las posibilidades terapéuticas se vuelven drásticamente limitadas y costosas.
EL RIESGO SANITARIO E INDIVIDUAL
El impacto de no saber se despliega en dos dimensiones críticas: el riesgo individual y el riesgo epidemiológico colectivo.
Consecuencias a nivel individual
A nivel individual, la replicación persistente del virus en los hepatocitos (células del hígado) desencadena una respuesta inmunitaria que, al eliminar las células infectadas, también genera cicatrices en el tejido hepático. Este proceso de cicatrización progresiva se conoce como fibrosis. Con los años, la fibrosis evoluciona a cirrosis, alterando por completo la arquitectura y funcionalidad del hígado.
Las personas infectadas no diagnosticadas (subdiagnóstico) usualmente entran al sistema de salud a través de las guardias médicas debido a complicaciones graves: hemorragias digestivas por várices esofágicas, ascitis (acumulación de líquido en el abdomen), encefalopatía hepática o mediante el hallazgo incidental de tumores malignos. El diagnóstico tardío transforma una enfermedad tratable en una condición crítica que con frecuencia requiere trasplante hepático.
Riesgo sanitario a nivel colectivo
Desde la perspectiva de la salud pública, una persona que desconoce que está infectada actúa de forma involuntaria como un vector de transmisión continua.
- Hepatitis B: se transmite con alta eficiencia por vía sexual y parenteral, por contacto directo con sangre infectada y por vía perinatal (de madre a hijo durante el parto). El desconocimiento interrumpe las cadenas de prevención familiar y de pareja. Aunque existe una vacuna obligatoria y altamente efectiva incorporada al Calendario Nacional de Vacunación desde 2000, los adultos nacidos antes de su universalización suelen estar desprotegidos y subdiagnosticados.
- Hepatitis C: su transmisión es fundamentalmente por vía parenteral (por contacto directo con sangre infectada). Históricamente vinculada a transfusiones antes de 1992 (año en que se universalizó el tamizaje de bolsas de sangre en el país) y al uso de drogas inyectables, hoy en día se asocia también a la realización de tatuajes, piercings o tratamientos estéticos sin la debida esterilización de materiales, además de prácticas sexuales con exposición a sangre. Quien no sabe que porta el virus expone involuntariamente a sus círculos de contacto y satura a largo plazo los presupuestos de alta complejidad del sistema de salud.
MEDIDAS PARA MITIGAR LA PROBLEMÁTICA
Revertir este panorama exige una reforma estratégica en los tres subsectores del sistema de salud argentino (público, privado y de obras sociales), migrando de un modelo reactivo, basado en esperar a que el paciente enferme), hacia un modelo proactivo centrado en la búsqueda activa de casos.
Superar las principales barreras para el diagnóstico requiere que todas las partes interesadas participen en tres actividades principales:

TESTEO UNIVERSAL Y DESCENTRALIZADO EN LA ATENCIÓN PRIMARIA
La medida más costo-efectiva consiste en universalizar el testeo rápido. El Ministerio de Salud de la Nación debe consolidar directrices para que la serología para hepatitis B y C sea un estudio de rutina, solicitado al menos una vez en la vida de cualquier adulto, independientemente de que presente o no factores de riesgo conocidos.
La implementación de tiras reactivas de diagnóstico rápido en los Centros de Atención Primaria de la Salud permite obtener resultados en menos de treinta minutos mediante una simple punción digital, eliminando las barreras burocráticas de turnos de laboratorio y extracciones tradicionales de sangre.
AUTOMATIZACIÓN E INTELIGENCIA DE DATOS EN LA HISTORIA CLÍNICA ELECTRÓNICA
Aprovechando la progresiva digitalización del sistema sanitario argentino, se deberían configurar alertas automáticas en los sistemas de historia clínica electrónica. Cuando un médico generalista o de cualquier especialidad abra la ficha de un paciente mayor de 18 años que nunca haya tenido un registro de testeo para HBV o HCV, el sistema debería emitir un recordatorio para solicitar la prueba diagnóstica. Asimismo, la optimización del tamizaje perinatal bajo iniciativas combinadas como el marco ETMI-Plus (orientado a la eliminación de la transmisión materno-infantil de HIV, sífilis, Chagas y hepatitis B) de la OPS debe sostenerse de manera inquebrantable en todas las maternidades del territorio nacional.
CAMPAÑAS MASIVAS DE CONCIENTIZACIÓN Y ERRADICACIÓN DEL ESTIGMA
El miedo y la desinformación desalientan al testeo. Las campañas públicas deben reformular el mensaje: las hepatitis ya no son sinónimo de marginalidad ni de sentencia de muerte. Es imperativo comunicar de forma masiva que la hepatitis B se puede prevenir perfectamente mediante una vacuna gratuita disponible en cualquier vacunatorio del país para todas las edades, y que la hepatitis C posee actualmente una cura real y definitiva.
GARANTÍA Y SIMPLIFICACIÓN DEL ACCESO AL TRATAMIENTO
El diagnóstico pierde valor si el circuito hacia el tratamiento está fragmentado. Para la hepatitis C, los antivirales de acción directa (AAD) representan una revolución médica sin precedentes, logrando tasas de curación superiores al 95 % en tratamientos vía oral de apenas 8 a 12 semanas de duración, con mínimos efectos adversos. Para la hepatitis B, existen tratamientos supresores altamente efectivos que frenan el daño hepático. El Estado argentino debe asegurar el suministro ininterrumpido de estos fármacos y simplificar los procesos de auditoría médica para que el paciente diagnosticado inicie su tratamiento en cuestión de semanas, evitando el desgranamiento y el abandono del circuito médico2.
CONSIDERACIONES FINALES
El subdiagnóstico de las hepatitis B y C en la Argentina no es un problema de falta de herramientas médicas, sino de accesibilidad y visibilidad. Contamos con vacunas eficaces, métodos de diagnóstico rápidos y tratamientos curativos que hace un par de décadas parecían de ciencia ficción.
Cada peso invertido hoy en la adquisición de reactivos de diagnóstico y en la capacitación de los equipos de salud del primer nivel de atención se traducirá en un ahorro millonario en tratamientos, internaciones prolongadas y trasplantes hepáticos en el futuro. Sin embargo, por encima del impacto económico, la detección temprana de estas patologías es un imperativo ético: es la oportunidad real de devolver el futuro a miles de individuos antes de que su propio cuerpo se convierta en su enemigo silencioso.

Se estima que 304 millones de personas en todo el mundo viven con hepatitis B o C crónica, pero las tasas de detección siguen siendo alarmantemente bajas, con menos del 50 % de los casos diagnosticados.
El subdiagnóstico se debe principalmente a la falta de síntomas en las etapas iniciales y el acceso limitado a las pruebas. La OMS recomienda ampliar el uso de pruebas de diagnóstico rápido para la detección en el punto de atención y ha precalificado autodiagnósticos innovadores.
Hepatitis B
Aproximadamente, el 50 % al 70 % de los adultos con infección aguda por HBV son completamente asintomáticos. En los casos de hepatitis B crónica, la gran mayoría de las personas infectadas también permanecen asintomáticas, sin presentar evidencia clínica inmediata de enfermedad hepática.
Hepatitis C
Entre el 60 % y el 75 % de las personas recientemente infectadas con el HCV no experimentan ningún síntoma durante la fase aguda y casi el 100 % de las infecciones crónicas son clínicamente silenciosas o asintomáticas en sus etapas iniciales.
El Ministerio de Salud recomienda el testeo universal para hepatitis C a todas las personas mayores de 18 años y en mujeres embarazadas. El test es voluntario, gratuito y confidencial en todos los hospitales y centros de salud pública del país.
https://www.argentina.gob.ar/salud/hepatitis/como-detectan
Centros de Diagnóstico y Tratamiento de Hepatitis: 0800 333 3444

María Cecilia García es estudiante de Bioquímica, Facultad de Farmacia y Bioquímica., Universidad de Buenos Aires.

Diego Flichman es bioquímico y doctor de la UBA, profesor adjunto de la Cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica e investigador principal del CONICET.

Mercedes Elizalde es licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional de Mar del Plata, doctora de la Universidad de Buenos Aires, área Farmacia y Bioquímica; ayudante de segunda de la Cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica UBA e investigadora adjunta del CONICET.
Fuentes
Dirección de Respuesta al VIH, ITS, Hepatitis Virales y Tuberculosis Argentina. (2020). Boletín Nº 2: Hepatitis virales en la Argentina: Año ll. https://www.globalhep.org/sites/default/files/content/resource/files/2021 -07/Boletin%20N%C2%B0%202 %20Hepatitis%20virales%20en%20la%20Argentina%202020 %20%281%29.pdf
Neukam, K., Ridruejo, E., Pérez, P., Campos, R. H., Martínez, A. P., Di Lello, F. A. (2028). Prevalence of hepatitis C virus infection according to the year of birth: identification of risk groups. Eur J Clin Microbiol Infect Dis., 37(2):247-254. doi: 10.1007/s10096-017-3123-4.
Klevens, R. M., Liu, S., Roberts, H., Jiles, R. B., Holmberg, S. D. (2014). Estimating acute viral hepatitis infections from nationally reported cases. Am J Public Health, 104(3):482-7. doi: 10.2105/AJPH.2013.301601.
- Factores multiplicadores: se basan en estudios de seroprevalencia a nivel poblacional para determinar qué porcentaje de la población ha estado expuesta a un virus o bacteria. Al comparar estas cifras con los casos sintomáticos reportados, se calcula una proporción (por ejemplo, 10 infecciones reales por cada caso reportado) que luego se extrapola a toda la comunidad. ↩︎
- La Ley Nacional 27.675, sancionada y promulgada en 2022, establece la respuesta integral, universal y gratuita para el abordaje de las hepatitis virales en Argentina. Declara de interés público nacional los medicamentos y procedimientos para la prevención, diagnóstico y tratamiento, abarcando un enfoque de derechos humanos, sin discriminación ni criminalización. ↩︎


