¿Por qué los medicamentos terminan convirtiéndose en residuos dentro de nuestros hogares? Las razones son diversas: a veces ya no se necesitan, se compran en cantidades mayores a las requeridas o simplemente nos olvidamos para qué fueron indicados. Otros quedan sin uso porque generan efectos no deseados, porque la persona que los utilizaba falleció, porque están deteriorados, no se puede leer la fecha de vencimiento o ya se encuentra vencida. Todo esto contribuye a que se acumulen fármacos que finalmente deben ser descartados.
¿QUÉ PODEMOS HACER AHORA?
Reducir el impacto negativo de un descarte inadecuado de los desechos domiciliarios de medicamentos es el objetivo que se proponen los programas de devolución (take-back programs), de amplia difusión en todo el mundo, con puntos fijos o temporales de recolección.
Hay países con programas de participación voluntaria, y sus puntos de retorno de fármacos son casi siempre las farmacias. Sin embargo, hay otros con programas obligatorios y otros que suman a centros de salud. Los departamentos de policía, bomberos, iglesias, universidades1 y otras instituciones organizan puntos de recolección temporarios una o dos veces al año para facilitar el descarte seguro de medicamentos a quienes no tienen acceso habitual a estos servicios.
Los consumidores responsables depositan los desechos en contenedores exclusivos e inviolables, que son retirados, reemplazados y transportados de forma segura hasta las plantas de tratamiento, donde se inactivan los componentes activos preferentemente mediante incineración a altas temperaturas (>1.000 °C).
Este sistema forma parte de la “logística inversa”, un proceso gestionado en muchos países por organizaciones sin fines de lucro, financiadas por los fabricantes o importadores bajo el principio de Responsabilidad Extendida del Productor (REP).
En la Argentina, aún no existe un programa nacional sistemático para el descarte seguro de medicamentos domiciliarios. Por ello, avanzar hacia un modelo de logística inversa adaptado al país resulta imprescindible, basado en la articulación entre el Estado, las farmacias, los municipios y la industria farmacéutica. La comunicación pública es clave: la información sobre el descarte correcto de medicamentos debe ser difundida desde la escuela secundaria, las facultades de Medicina, Farmacia, Enfermería, los profesionales de la salud y los medios de comunicación. De esta forma, se construiría una red educativa y sanitaria que promueva el uso racional del medicamento, minimice su impacto ambiental y fomente una cultura de responsabilidad compartida entre la sociedad, el Estado y el sector productivo.
En este contexto, la prescripción adquiere un rol decisivo. Hacerlo con criterio ajustando dosis, intervalos y duración del tratamiento según cada situación clínica, no solo optimiza los resultados terapéuticos y contribuye a frenar la resistencia antimicrobiana, sino que disminuye la cantidad de fármacos que alcanzan el ambiente. Construir este enfoque integral es un paso indispensable para proteger la salud pública y el entorno que compartimos.
EL MARCO LEGAL ARGENTINO: INCOMPLETO Y FRAGMENTADO
En la Argentina no existe una normativa nacional específica para los residuos domiciliarios de medicamentos, pero varias leyes aportan bases parciales.
La Ley 24.051 (1992) define los desechos de medicamentos como residuos peligrosos, pero excluye los domiciliarios.
La Ley 25.675 (2002) fija principios ambientales generales, como educación ambiental y principio precautorio.
La Ley 25.916 (2004) sobre residuos domiciliarios ordena crear programas especiales para residuos domésticos peligrosos.
La Resolución 522/2016 incorpora a los medicamentos como Residuos Especiales de Generación Universal (REGU) y establece conceptos clave: responsabilidad posconsumo, Responsabilidad Extendida del Productor (REP) y centros de almacenamiento transitorio (CATs).
La Ley 27.680 (2022) sobre resistencia antimicrobiana apoya la implementación de sistemas de gestión para residuos domiciliarios de antimicrobianos bajo el enfoque Una Salud.
En conjunto, este marco normativo reconoce el problema, pero aún no establece un sistema nacional de gestión para los residuos farmacéuticos generados en los hogares.
Aunque millones de medicamentos vencidos se descartan cada año en los hogares argentinos, no existe una ley nacional que indique cómo deben eliminarse. La regulación es fragmentada y depende de cada provincia, lo que deja a la población sin un criterio unificado y favorece que estos residuos lleguen al ambiente a través de la basura o el inodoro.
«Vivimos en la Tierra como si tuviéramos otra a la que ir»
Terry Swearingen

Gabriela Susana Altobelli es médica por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina; especialista en Ginecología y Obstetricia; diplomada en Telemedicina y Tecnología Aplicada en Salud; actualmente realiza el Doctorado en Ciencias Médicas en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP.

Florencia Mesplet es médica infectóloga por la Universidad de Buenos Aires (UBA); máster en VIH por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), Madrid; miembro de la Comisión de Enfermedades Endémicas y Emergentes de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI). Desarrolla su actividad en Hospital Municipal de Chivilcoy, Clínica Independencia 9 de Julio y Hospital Saturnino Unzué de 25 de Mayo.
Se formaron en comunicación en salud y calidad de vida en el curso de posgrado de Periodismo Médico, Sociedad Argentina de Periodismo Médico (SAPEM), Asociación Médica Argentina (AMA)
- Cada año, a través de un proyecto UBANEX, la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires pone en marcha Los medicamentos llegan a todos, jornadas de recolección de medicamentos que luego son clasificados y distribuidos mediante la red de que dispone la Fundación Tzedaká. ↩︎


