Ignacio Pirovano nació el 23 de agosto de 1844, en Buenos Aires en lo que hoy es el barrio de Belgrano. Su madre Catalina Ayeno, argentina, y su padre, Aquiles Pirovano, inmigrante italiano, platero de profesión, constituyeron en la Argentina una humilde familia. Pero había antecedentes sobrados para la futura vocación de Ignacio: un bisabuelo y su abuelo materno habían sido médicos en Europa.
Con gran esfuerzo, ingresó al Colegio Central (hoy Colegio Nacional de Buenos Aires), y estudió bajo la guía académica de Amadeo Jacques, un exiliado educador francés, psicopedagogo, filósofo y exprofesor de la Sorbona de París. Compartió aulas con lo más granado de la Generación del 80, entre otros, Miguel Cané, literato y político recordado por su obra Juvenilia, en la que, justamente, relató los recuerdos de adolescencia, las travesuras y los descubrimientos de ese grupo de estudiantes del Colegio, incluido Pirovano.
También fue compañero de Norberto Quirno Costa, periodista, abogado, destacado diplomático y vicepresidente de la Argentina. Como ministro de Relaciones Exteriores, en 1888, elevó una protesta sobre la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, que hoy es un precedente ineludible: el “gobierno de la República, (…) mantiene y mantendrá siempre sus derechos a la soberanía de las Malvinas, de los que fue desposeída por la violencia y en plena paz”. Otro de sus compañeros fue Carlos Pellegrini, futuro presidente de la República Argentina.
En ese entorno de sociabilidad Ignacio Pirovano forjó su exquisita formación en Humanidades y Artes, así como su indeclinable compromiso por devolver lo recibido por el Estado en instituciones públicas de asistencia de la salud.
CARRERA DE FARMACIA: UN TRAMPOLÍN PARA SUS SUEÑOS
Al finalizar sus estudios secundarios, la magra economía familiar le impedía inscribirse en una carrera universitaria mayor. Optó por una carrera breve, Farmacia, con rápida salida laboral, que le permitiría solventar sus estudios. Cursó entre 1865 y 1866. El 21 de julio de 1866, Juan José de Montes de Oca, presidente de la Facultad, le concedió el diploma de Licenciado en Farmacia.
Dado su excelente desempeño académico, accedió a realizar las prácticas sobre “El Arte del Boticario” en la Farmacia Cóndor de Oro, de Luis Soares ubicada en Corrientes y Maipú (antigua calle de Los Mendocinos). “La botica elegida por Pirovano –reseñó el doctor Donato Depalma– era de las reconocidas, y su fama aglutinó una dispensiosa selecta clientela. En su trastienda enmarcada por estanterías colmadas de potes, frascos esmerilados, morteros y probetas, el joven Ignacio a modo de viejo alquimista, sopesaba cuidadosamente los “simples” que las recetas magistrales combinaban en forma de unturas, brebajes, pociones, pomadas, jarabes, carminativos y mixturas. (En) la trastienda se reunían los vecinos más conspicuos y comentaban los sucesos más trascendentes, que de cuando en vez, sacudían la serenidad de la incipiente ciudad”.
Recibido, ejerció como farmacéutico en el Hospital General de Hombres, lo que le iba a permitir continuar sus estudios de Medicina. Más adelante, siendo médico, los sólidos conocimientos de Farmacia aventajarían a Pirovano en el manejo y la administración de los fármacos disponibles, en especial los ´nuevos anestésicos´, como relatamos en la nota de divulgación que acompaña esta biografía. Ya lo advertía su amigo y colega Eduardo Wilde: “Pirovano (…) ha sido farmaceútico del hospital; será, por consiguiente, un hábil operador y es y ha sido sobresaliente en química”.
El primer bebé operado con anestesia general en la argentina
VOLUNTARIO EN LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA Y EN LAS EPIDEMIAS
Mientras estudiaba Medicina, Pirovano fue practicante del doctor Francisco Javier Muñiz en la guerra de la Triple Alianza (1865-1870), que emprendieron el Imperio de Brasil, la Argentina y el Uruguay, contra el Paraguay. “Ante la circunstancia de que pocos galenos accedieron a colaborar, el ejército recurrió al inicio de la campaña a estudiantes de la Facultad de Medicina para la asistencia de los primeros heridos que se produjeran”, como relató Pablo Palermo en su tesis sobre Historia de la Guerra.
Francisco Muñiz, por entonces de 70 años, se había ofrecido como voluntario, ad honorem. Entre los estudiantes/practicantes que lo acompañaron figuraba Ignacio Pirovano. Muñiz tuvo a su cargo el hospital fijo de Paso de los Libres (Corrientes), donde fue recibido por el mismísimo general Mitre, quien lo nombró cirujano, pasando a la sala de curaciones donde se agolpaban los heridos en combate.
“El territorio argentino que estuvo más directamente afectado a raíz de la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay fue la provincia de Corrientes, que a consecuencia de su situación geoestratégica la ubicaba en el epicentro del conflicto. Fue el corredor terrestre y fluvial obligatorio para llegar al Paraguay, por lo que los ejércitos aliados y sus ataques se iniciaban por su territorio, para luego pasar a ser el espacio geográfico de la retaguardia de los tres Estados Aliados”, relató Dardo Rodolfo Ramírez Braschi, doctor en Derecho, especialista en Derecho Constitucional y en investigación histórica, actual profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).
A su vuelta a Buenos Aires, Francisco Muñiz, acompañado por colegas y estudiantes, entre los que nuevamente se iba a contar Ignacio Pirovano, actuó en las epidemias de cólera de 1867 y de fiebre amarilla de 1871. Luego de asistir a un joven cuya familia había perecido recientemente de fiebre amarilla, Muñiz se contagió y, por esa causa, murió el 8 de abril de 1871, a los 75 años. (Se adjuntan, debajo, materiales de lectura para profundizar en la vida de este insigne médico idealista).
IGNACIO PIROVANO, POR FIN MÉDICO

Pirovano se recibió de médico en abril de 1872 habiendo aprobado todos los exámenes con “Sobresaliente por Unanimidad”. Su tesis de doctorado, titulada “Herniotomía”, tuvo como padrino alprofesor de Anatomía, el doctor Santiago Larrosa.
Era la norma que los graduados de Medicina efectuaran un viaje de perfeccionamiento a Europa. Imposible para Ignacio, quien contaba los centavos para sobrevivir. Pero… “Dado su desempeño como estudiante y su brillante tesis de doctorado, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires le concedió una beca con la que pudo visitar desde 1872 hasta 1876 centros quirúrgicos de Francia, Inglaterra, Alemania e Italia”, se destaca en la biografía oficial de la Academia Nacional de Medicina. Se recuerda que recién en 1880 se decretó la federalización de Buenos Aires, para convertirse en la Capital Federal de la República Argentina.
En París, se formó con Luis Pasteur, con quien estudió en la Sorbona, y con Claude Bérnard, el fundador de la medicina experimental. También, con el célebre cirujano Auguste Nélaton que introdujo relevantes innovaciones instrumentales y terapéuticas, considerado uno de los introductores de la ovariotomía; Alfred-Armand-Louis-Marie Velpeau, experto en anatomía quirúrgica;y Jules-Émile Péan, pionero en la cirugía ginecológica moderna, que diseñó instrumental médico de vanguardia (las ´pinzas´ de Péan, en especial la pinza hemostática) y realizó una de las primeras operaciones de pulmón registradas mediante la extirpación de un tumor pulmonar.
En Londres se adiestró con el cirujano inglés Joseph Lister, que estaba imponiendo sus ideas sobre el pus y la gangrena y los fundamentos de la antisepsia quirúrgica.
En 1876 regresó a Buenos Aires, con el título de Doctor de la Facultad de Medicina de París. De allí en más, se dedicó con ahínco a crear una escuela donde se formaron renombrados cirujanos, lo que le valió el reconocimiento de “Padre de la cirugía argentina”. Las contribuciones médicas de Pirovano fueron numerosísimas y de suma relevancia. No las reseñaremos aquí, por lo que invitamos a leer dos de sus exhaustivas biografías, en los enlaces adjuntados debajo.
UN APRENDIZ DE FARMACIA AFECTO A JUGAR BROMAS MUY PESADAS
Su compañero y amigo de andanzas, Eduardo Wilde, en su obra Tini y otros relatos, destinó un acápite a las travesuras de Ignacio Pirovano, en su etapa de aprendiz de Farmacia: hacer que las matronas que visitaban la botica salieran con bigotes pintados con corcho quemado sin siquiera notarlo; y que los caballeros que pasaban por la vereda se llevaran una cola de papel pegada a sus levitas, o que recibieran una lluvia de clavos desde los altos de la botica que abollaban sus elegantes sombreros. También ataba tarros de lata a las colas de los perros, enseñaba insolencias a los loros y echaba fósforos en los atrios de las iglesias. Como sintetizó Wilde: “podía con razón decirse de él que era el presidente nato del comité de mortificación pública”.
Notables eran las capacidades de Pirovano para fabricar bebidas espirituosas destinadas a los bailes organizados por el Club El Esqueleto. Como relató Wilde, también partícipe infaltable de esas jaranas: “Pirovano hacía los cocimientos necesarios en la botica, con los que preparaba los vinos y los licores; llevaba un tarro de pastillas de quermés, con que debía obsequiarse a las señoras y, hechos todos estos preparativos, se invitaba a las niñas del barrio, que, eran, cuando menos, novias legítimas de cada uno de los estudiantes”.
Un contraste frente al porte imponente de autoridad sustentada en el rigor científico y la seriedad profesional con que Pirovano es representado en las numerosas notas biográficas que ha merecido. Bien lo ha plasmado su amigo Eduardo Wilde: “Pero la vida del hombre tiene a lo menos dos fases.En la una, cada hombre es el cómico que tiene un carácter y representa un papel serio ante el mundo; en la otra, el hombre es consecuente con sus tendencias, y se queda con rasgos de niño e intenciones de muchacho durante toda su vida”.
En la pieza literaria de Wilde a la que nos estamos refiriendo, el autor en clave de cruda ironía, impartióademás una serie de hilarantes ´consejos´ a su amigo Pirovano cuando este se recibió de médico con honores en la Universidad de Buenos Aires. No vaya a ser que se le subieran los humos a la cabeza… Invitamos a leer el relato completo que se reproduce en un link debajo de esta nota.
Tal había sido la talla que alcanzó rápidamente la figura académica y profesional de Pirovano, que quedó también inmortalizado en un cuento de Manuel (Manucho) Mujica Lainez, El hombrecito del azulejo. Allí Manucho escribió:
¨Wilde y Pirovano son dos médicos jóvenes, chistosos y bromistas. Pero hoy tienen aspecto grave. Acaban de visitar a Daniel y están preocupados. Los dos llevan barba y visten trajes oscuros que contrastan con el color de sus ojos claros. Pirovano es alto y tiene las facciones marcadas. Al salir por el zaguán, apoya su mano grande en el hombro de Wilde y le dice: —Esta noche Daniel sufrirá una crisis. —Sí —responde el doctor Wilde—. Hicimos lo que pudimos. —Veremos mañana. Hay que esperar…
(…)
Allí, sobre el aljibe, la Muerte espera con una sonrisa. Escuchó la conversación de los dos médicos y piensa llevarse a Daniel. El hombrecito del azulejo también escuchó. Él es un ser especial que está dibujado en uno de los azulejos del zócalo del patio (…).
Pirovano también fue un eximio dibujante como lo atestiguan las ilustraciones con que apuntalaba y engalanaba sus clases magistrales y sus trabajos académicos. Supo traspasar su amor por las artes a sus herederos, tanto así que su hijofue un reconocido escultor y su nietoun destacado pintor. Al día de hoy encontramos en el campo de la plástica ´Pirovanos´ con reconocida trayectoria.
UN AUTODIAGNÓSTICO…
En 1893 Pirovano se autodiagnosticó una neoplasia maligna en la base de la lengua. Envió el material obtenido por biopsia de la lesión a París sin decir quién era el paciente, a su amigo de juventud el doctor Jules-Émile Péan. Recibió una lapidaria respuesta de tres palabras: “Cáncer. Caso perdido”.
Se retiró entonces de todas las actividades asistenciales y académicas. He aquí la nota que elevó el 1 de marzo de 1983 al decano de la Facultad de Medicina en la que renuncia a sus cargos de profesor y al beneficio de la jubilación. Escribió entonces: “Como en el ejercicio del profesorado tengo más del tiempo exigido por la ley para mi jubilación, debo manifestar desde ya al Señor Decano que renuncio a ese derecho”. De allí en más y, pese a las insistencias, se negó a seguir recibiendo alguna remuneración. Se alejó también de su familia para ahorrarles el sufrimiento de asistir a su terrible agonía.


Alguno de sus biógrafos dice que se retiró a esperar la muerte en una isla del Delta; otros en cambio, que se instaló en los campos de su propìedad en la Provincia de Buenos Aires donde, después de su muerte, su hijo diseñó y construyó en su honor una localidad que lleva su nombre: Ignacio Pirovano.


Legajo de Ignacio Pirovano. El ejemplar original se conserva en el archivo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires
Pirovano murió en Buenos Aires el 2 de julio de 1895 a los 50 años.
Amalia Beatriz Dellamea. Centro de Divulgación Científica y Equipo de Gestión Editorial de FFyB En Foco, Facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires.
Lecturas sugeridas
Para profundizar en las contribuciones médicas de Ignacio Pirovano
Academia Nacional de Medicina. Ignacio Pirovano. Biografía.https://anm.edu.ar/ignacio-pirovano/
Depalma, Donato. (2012). Ignacio Pirovano. Reseña histórica. Revista del Hospital de Niños de Buenos Aires, 54(246), 189-193. http://revistapediatria.com.ar/wp-content/uploads/2012/09/189-193-Pirovano.pdf
Facultad de Medicina. Universidad de Buenos Aires. Galería de Profesores. Hitos históricos. Biblioteca Central “Juan José Montes de Oca”. https://www.fmv-uba.org.ar/galeria-de-profesores/hitos.asp
Para adentrarse en la vida y obra de Francisco Javier Muñiz como cirujano de guerra
Centurión, Juan Crisóstomo. (1987). Batalla de Curupayty. Derrota de los aliados con inmensas pérdidas. Desinteligencia entre los Jefes aliados. En Juan C. Centurión. Memorias o reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay. Tomo II. Colección Histórica 20. Editorial El Lector, Asunción, Paraguay.
Fredotovich, Norberto M. (s/f ). Una “Historia Imperfecta” durante la Guerra Del Paraguay. Sociedad Argentina de Urología, pp. 26-31.
Ministerio de Defensa República Argentina. Ejército Argentino. (2021). Francisco Javier Muñiz: Una vida dedicada a la medicina, la ciencia y el idealismo.https://www.argentina.gob.ar/noticias/francisco-javier-muniz-una-vida-dedicada-la-medicina-la-ciencia-y-el-idealismo
Palermo, Pablo. (2021). La toma de Corrientes del 25 de mayo de 1865. Tesis de Maestría en Historia de la Guerra. Universidad de la Defensa Nacional. Facultad del Ejército Escuela Superior de Guerra “Tte. Gral. Luis María Campos”.
Ramírez Braschi, Dardo. (2001). La sanidad militar en Corrientes como consecuencia de la guerra de la Triple Alianza. Actas de XXI Encuentro de Geohistoria Regional. Facultad de Humanidades. Universidad Nacional de Formosa.
Trombetta, Luis; Valerga, Mario. (2023).Francisco Javier Muñiz. Cirujano de guerra.Revista de la Asociación Médica Argentina, 136(4), 29-32. https://www.ama-med.org.ar/revista/vermas_revista/70
Para adentrarse en una faceta poco explorada de Pirovano en tanto aprendiz de Farmacia afecto a jugar bromas pesadas
Wilde, Eduardo.Tiempo perdido, Tini y otros relatos, págs. 33-37. https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/Wilde,%20Eduardo%20-%20Tini%20Y%20Otros%20Relatos.pdf
El hombrecito del azulejo, de Manuel Mujica Lainez
https://bcn.gob.ar/uploads/El-hombrecito-del-azulejo-en-Lectura-Facil.pdf
Agradecimientos a Analía Verrie, Patricia Carrizo, Walter Andzilewko, Viviana Garetto y Analia Elizabeth Cogolato, de la Biblioteca Central “Juan José Montes de Oca”, y Áreas de Archivo y Digitalización, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires.

