El descarte inadecuado de fármacos en los hogares, arrojándolos a la basura o al inodoro, favorece la presencia de contaminantes emergentes en el agua y el suelo. Normatizar y aplicar prácticas correctas de eliminación en los hogares, es esencial para proteger la salud humana, animal y ambiental bajo el enfoque de “Una Sola Salud”
Hoy en día, hablar de contaminación no solo implica pensar en plásticos o gases tóxicos. Existen otras sustancias, menos visibles pero igual de preocupantes, conocidas como contaminantes de preocupación emergentes (CE). Entre ellas se encuentran los fármacos, los plaguicidas, los cosméticos y los nanomateriales, que se están detectando cada vez con mayor frecuencia en el agua, el suelo y los ecosistemas.
El descarte inadecuado de fármacos en los hogares, arrojándolos a la basura o al inodoro, favorece la presencia de contaminantes emergentes en el agua y el suelo.
Estos contaminantes llegan al ambiente por diferentes vías, pero una de las más comunes es el descarte de medicamentos. La presencia de medicamentos en el ambiente es una consecuencia directa tanto de su uso como de su eliminación. Una importante fuente de contaminación farmacéutica proviene de la excreción de las sustancias activas que no son completamente metabolizadas por el organismo. En 2013, la Agencia Ejecutiva de Salud y Consumidores de la Comisión Europea publicó el informe Study on the Environmental Risks of Medicinal Products. En él se señala que entre el 30 % y el 90 % de la dosis de un medicamento administrado por vía oral puede excretarse todavía en forma activa, principalmente a través de la orina y las heces, tanto en humanos como en animales.
Existen otras sustancias, menos visibles pero igual de preocupantes, conocidas como contaminantes de preocupación emergentes (CE).
Sumado a lo anterior, muchas personas realizan la eliminación inadecuada de medicamentos expirados o en desuso a través del inodoro o de la basura domiciliaria, desconociendo que así contribuyen a la contaminación del agua y del suelo. Para comprender mejor este problema, surge el enfoque “Una Sola Salud”, que propone una mirada integral, reconociendo que el bienestar humano, el de los animales y el del planeta están profundamente interrelacionados. Este paradigma plantea la necesidad de soluciones holísticas que aborden todas estas dimensiones de manera conjunta. No podemos estar completamente sanos si el entorno que nos rodea está enfermo, si bebemos agua contaminada o vivimos al lado de animales enfermos.
No podemos estar completamente sanos si el entorno que nos rodea está enfermo.
De acuerdo con el doctor en Química Carlos Héctor Colangelo, investigador del Panel Cambio Climático, Ambiente y Biosfera de la Universidad de Morón, en la Argentina cada persona genera alrededor de 1,03 kg de residuos por día, lo que equivale a unas 45.000 toneladas diarias y más de 16 millones de toneladas al año, una magnitud que refleja la gravedad del problema de los basurales y su impacto ambiental.
En los últimos años se comprobó que la elevada exposición ambiental a estos CE genera numerosos efectos adversos tanto en la salud humana como en el ambiente. Esta situación compromete el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y se agrava ante un fenómeno demográfico sin precedentes: una población mundial cada vez más longeva. Según proyecciones de la Organización Mundial de la Salud para 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más, y el grupo de mayores de 80 años triplicará su tamaño entre 2020 y 2050, alcanzando 426 millones de personas.Este incremento se traducirá en un consumo creciente de medicamentos y, por ende, en una mayor generación de residuos farmacéuticos.
Los efluentes hospitalarios son una de las principales fuentes de contaminantes emergentes que las plantas convencionales no pueden eliminar.
La aparición ambiental de estos CE tiene múltiples orígenes: procesos industriales y sanitarios, el uso terapéutico cotidiano y la posterior excreción de los medicamentos por parte de la población, así como la eliminación inadecuada de fármacos vencidos o en desuso. Tanto en el ámbito domiciliario como hospitalario, estos productos deben ser gestionados como residuos especiales, de lo contrario, terminan incorporándose a cursos de agua y suelos. Como demuestra la ingeniera ambiental María Eugenia Altobelli González —integrante de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y ayudante de la cátedra de Proyecto Final de la Universidad Nacional de San Martín— en su tesis, los efluentes hospitalarios son una de las principales fuentes de contaminantes emergentes que las plantas convencionales no pueden eliminar.
Numerosos estudios realizados en países como Brasil, Canadá, España, Francia, Inglaterra, Portugal y Uruguay han detectado la presencia de fármacos en las plantas depuradoras de aguas residuales, tanto en la entrada como en la salida de los sistemas de tratamiento, evidenciando que su eliminación completa no es posible con la tecnología disponible. Entre los medicamentos detectados con mayor frecuencia se encuentran carbamazepina, atenolol, sulfadiazina, paracetamol, eritromicina, ácido salicílico, diclofenaco, ibuprofeno, 17β-estradiol, progesterona y levonorgestrel.
El principal desafío radica en que aún se desconoce el impacto real de su toxicidad y la de sus metabolitos, que en algunos casos puede ser incluso mayor que la sustancia original. Una revisión reciente de Mohamad Arke, del Department of Environmental Health, Faculty of Health Sciences, American University of Beirut (Líbano), y colaboradores evidenció que la eliminación inadecuada de medicamentos plantea riesgos importantes para el medioambiente y la salud pública. Además, identificaron amplias brechas regulatorias, especialmente en países en desarrollo.
Algunos antibióticos se degradan fácilmente, como la penicilina, mientras que otros son considerablemente más persistentes, como las fluoroquinolonas y las tetraciclinas; por lo tanto, permanecen más tiempo en el ambiente, se dispersan a mayores distancias y se acumulan en concentraciones más altas.
El efecto sobre la fauna acuática es particularmente preocupante. Se ha demostrado que hormonas naturales y sintéticas pueden alterar profundamente los ecosistemas, provocando fenómenos como la feminización de peces machos. Analgésicos y antiinflamatorios, por su parte, han mostrado influir en la alimentación, los marcadores bioquímicos, la respuesta inmune y la sobrevida de diversas especies marinas.
Aproximadamente el 50% de los medicamentos se prescribe de manera inapropiada a nivel mundial.
Si bien los avances de la medicina han mejorado sustancialmente la calidad y expectativa de vida de las personas, este progreso tiene una contracara: el aumento sostenido de residuos farmacéuticos domiciliarios. A ello se suma que aproximadamente el 50% de los medicamentos se prescriben de manera inapropiada a nivel mundial, lo que incrementa aún más la generación de residuos evitables.
El manejo adecuado de los residuos farmacéuticos domiciliarios es, por lo tanto, un desafío urgente que exige la participación coordinada de los sistemas de salud, los municipios, el sector farmacéutico, la comunidad científica y la población general. La gestión responsable de los medicamentos desde su prescripción hasta su disposición final es fundamental para proteger los ecosistemas, prevenir riesgos sanitarios y avanzar hacia un modelo de desarrollo más sostenible.
COMO CONCLUSIÓN
El descarte inadecuado de medicamentos en el hogar puede generar múltiples riesgos. Su eliminación incorrecta puede provocar ingestión accidental o intencional por parte de personas o mascotas, y facilitar que los fármacos ingresen a mercados ilegales. Además, ciertos medicamentos —especialmente opioides potentes— pueden causar efectos adversos por contacto dérmico o inhalación, mientras que sedantes y psicofármacos representan un riesgo significativo principalmente si se ingieren de manera accidental.
A nivel ambiental, los principios activos alcanzan ríos, lagos y acuíferos, donde las plantas de tratamiento no pueden eliminarlos por completo, contribuyendo a la contaminación del agua y del suelo. Estos compuestos alteran el equilibrio de los ecosistemas al afectar microorganismos esenciales, acumularse en organismos vivos y concentrarse en la cadena alimentaria. Además, la presencia de antibióticos en el ambiente favorece la aparición de bacterias resistentes, y la incineración informal de residuos farmacéuticos libera contaminantes al aire.
En conjunto, estos efectos muestran que una práctica doméstica aparentemente menor puede desencadenar consecuencias ambientales significativas y persistentes. Encuestas realizadas en distintos países, incluida la Argentina, muestran que gran parte de los estudiantes y graduados en ciencias de la salud nunca recibieron capacitación sobre este tema.
Se trata, por tanto, de una deuda pendiente: incorporar la gestión de residuos farmacéuticos en los planes de estudio desde el pregrado.
Se trata, por tanto, de una deuda pendiente: incorporar la gestión de residuos farmacéuticos en los planes de estudio desde el pregrado, para formar profesionales informados y capaces de transmitir estas buenas prácticas a la comunidad.
Glosario
Contaminantes emergentes: sustancias que antes pasaban desapercibidas y hoy se sabe que pueden afectar al ambiente y a la salud.
Responsabilidad extendida del productor (REP): principio que indica que los laboratorios deben hacerse cargo del destino final de los medicamentos después de su venta.
Logística inversa: sistema que permite que productos usados o vencidos regresen de forma segura para su tratamiento o eliminación.
Residuos farmacéuticos: medicamentos que ya no pueden usarse porque están vencidos, deteriorados, sobraron o perdieron su calidad.Una Sola Salud: enfoque que entiende que la salud humana, animal y ambiental están conectadas y deben abordarse de manera integrada.

Gabriela Susana Altobelli es médica por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina; especialista en Ginecología y Obstetricia; diplomada en Telemedicina y Tecnología Aplicada en Salud; actualmente realiza el Doctorado en Ciencias Médicas en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP.

Florencia Mesplet es médica infectóloga por la Universidad de Buenos Aires (UBA); máster en VIH por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), Madrid; miembro de la Comisión de Enfermedades Endémicas y Emergentes de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI). Desarrolla su actividad en Hospital Municipal de Chivilcoy, Clínica Independencia 9 de Julio y Hospital Saturnino Unzué de 25 de Mayo.
Se formaron en comunicación en salud y calidad de vida en el curso de posgrado de Periodismo Médico, Sociedad Argentina de Periodismo Médico (SAPEM), Asociación Médica Argentina (AMA)


