Wendy Karina Quilumbaquin Orbe, becaria doctoral 2024, desarrolla su investigación en el Instituto de Bioquímica y Medicina Molecular (UBA–CONICET). Su trabajo sobre el rol del óxido nítrico en procesos inflamatorios pancreáticos refleja el valor de la universidad pública en la formación científica y el compromiso social.
UNA VOCACIÓN QUE CRUZA FRONTERAS
En una mesada de laboratorio Wendy Karina Quilumbaquin Orbe observa procesos invisibles a simple vista, pero decisivos para la salud humana. Allí, en el Instituto de Bioquímica y Medicina Molecular, su trabajo cotidiano se inscribe en una pregunta mayor: cómo funcionan las células cuando el cuerpo se enferma… y cómo podrían recuperarse.
Llegó a la Argentina desde Ecuador con una convicción clara: formarse en un sistema que no solo enseña ciencia, sino que la produce. “Siempre tuve una afinidad por la Universidad de Buenos Aires”, cuenta. La referencia no era abstracta: colegas que habían transitado ese camino le hablaron de una experiencia donde la formación académica y la investigación no van por carriles separados, sino que se integran desde el inicio.
Esa integración fue, justamente, uno de los factores que marcaron su decisión. “En la Argentina existe una fuerte articulación entre la formación académica y la investigación científica, tanto en grado como en posgrado. Eso permite que más personas puedan integrarse a la investigación desde etapas tempranas”, explica.
LA CIENCIA, DESDE ADENTRO
Su proyecto doctoral aborda un tema complejo: el rol del óxido nítrico en los mecanismos mitocondriales involucrados en el daño y la recuperación en afecciones pancreáticas inflamatorias.
Para entenderlo en términos simples, Wendy propone pensarlo como una red de señales dentro de la célula. Las mitocondrias no solo producen energía, sino que también participan en procesos de regulación celular. Cuando hay inflamación, como en enfermedades pancreáticas, estas funciones pueden alterarse.
Ahí entra en juego el óxido nítrico: una molécula pequeña, pero con gran capacidad de influencia. “Analizamos cómo cambios en el metabolismo y en la señalización celular pueden contribuir a respuestas inflamatorias”, explica. En otras palabras, su investigación busca entender qué sucede dentro de las células cuando se enferman, para eventualmente contribuir a estrategias que favorezcan su recuperación.
Su recorrido académico ayuda a tender ese puente. Formada como licenciada en Ciencias Químicas, encontró en la biomedicina un campo donde aplicar ese conocimiento con impacto concreto. “Me motivó ver cómo la química puede ayudar a entender mecanismos celulares y moleculares detrás de muchas enfermedades”, señala.
APRENDER A PREGUNTAR
El tránsito por el doctorado no es solo acumulación de saberes, sino un proceso de transformación intelectual. Wendy lo describe como un camino guiado, pero no rígido: “La universidad pública no se limita a formar profesionales que reproduzcan información. Promueve investigadores capaces de cuestionar, analizar críticamente y generar nuevo conocimiento con autonomía”.
Ese aprendizaje se construye en diálogo permanente. La elección de su directora, la investigadora Virginia Vanasco, fue un punto clave. A partir de ese primer contacto, comenzó un proceso de reuniones, ajustes y discusiones que dieron forma a su plan de trabajo.
“El acompañamiento es fundamental”, destaca. Directora y codirectora no solo orientan el desarrollo del proyecto, sino que aportan nuevas preguntas, reformulan enfoques y fortalecen el pensamiento crítico. Es, en definitiva, una formación que ocurre tanto en los libros como en la práctica cotidiana del laboratorio.
CIENCIA Y COMPROMISO
Para Wendy, hacer ciencia en una universidad pública tiene un significado que trasciende lo académico. “Formarse en una institución sostenida por la sociedad genera un fuerte sentido de responsabilidad”, afirma. Esa idea se traduce en una premisa clara: el conocimiento científico no debe quedar aislado, sino vincularse con las necesidades sociales.
En ese sentido, su experiencia también pone en valor el sistema científico argentino. La posibilidad de acceder a una beca del CONICET fue determinante. “Es un referente en la investigación científica, con una comunidad académica de alto nivel y programas que sostienen proyectos y líneas de trabajo”, señala.
Esa estructura, sumada a la trayectoria de la Universidad de Buenos Aires, configura un ecosistema que no solo forma profesionales, sino que impulsa la producción de conocimiento original.
ELEGIR INVESTIGAR
A lo largo de la conversación, hay una idea que se repite, casi como una certeza: investigar es una elección que implica esfuerzo, constancia y compromiso. Pero también es una oportunidad.
Cuando se le pide que resuma en una frase lo que significa realizar un doctorado en la UBA, Wendy duda. No por falta de palabras, sino por la densidad de la experiencia. Finalmente, elige una definición que condensa su recorrido personal y académico: “Es complejo sintetizarlo, pero me quedo con esto: qué privilegio es poder estudiar un doctorado donde quería estudiar”.
En esa frase conviven la historia individual de una estudiante que cruzó fronteras y la potencia de una institución que, desde lo público, sigue formando a quienes investigan para entender y transformar la realidad.


