La minería a cielo abierto genera impactos ambientales, visuales, económicos, culturales y humanos. Se basa en la explotación de recursos naturales no renovables y su grado de impacto dependerá del mineral que se quiere extraer. Utiliza diferentes sustancias químicas contaminantes, como el cianuro, el mercurio y el ácido sulfúrico, entre otros, que se encargan de disolver los compuestos indeseados, para obtener los minerales ´deseables´, como el oro, la plata y el cobre. El tema recobra interés hoy, dado que en varias provincias argentinas entrarán en operación numerosos emprendimientos mineros.
Ese proceso, conocido como lixiviación del terreno, implica el uso intensivo de recursos naturales, como el consumo elevado de agua potable y altos niveles de energía. Además, las operaciones mineras se han convertido en un grave problema de salud pública, al aumentar la incidencia de enfermedades y comprometer la calidad de vida, debido a la contaminación del ecosistema y a la exposición de la población a ella. La minería a cielo abierto, por lo tanto, plantea serios desafíos para el desarrollo sostenible y exige un análisis exhaustivo de beneficios y costos a largo plazo.
La minería a cielo abierto genera impactos ambientales, visuales, económicos, culturales y humanos. Explota recursos naturales no renovables; su grado de impacto depende del mineral que se quiere extraer
A lo largo de la historia, el oro ha sido considerado un símbolo de riqueza y estatus, lo que ha impulsado su extracción y comercio. Durante la Edad Media y el Renacimiento, la minería de oro se expandió, especialmente en Europa y América. En el siglo XIX, la fiebre del oro en lugares como California (1848) y Australia (1851) llevó a una extracción masiva, transformando economías y poblaciones. Desde entonces, ha evolucionado con avances tecnológicos.
En la Argentina, la producción minera metalífera a gran escala es una actividad reciente que ha tomado impulso a partir del año 1993. Desde entonces, las inversiones en exploración aumentaron exponencialmente, y el oro se fue convirtiendo en el metal más importante del complejo minero argentino, responsable hoy de más del 60 % de las ventas externas de todo el sector. En efecto, actualmente operan 10 minas de oro en el país, con una producción que alcanzó, en 2021, un volumen de casi 1,2 millones de onzas y exportaciones por un valor de US$ 2 mil millones.
La degradación del medio ambiente puede causar daños irreparables en los seres humanos
La expansión de la minería en la Argentina y América Latina se sustenta en la desigualdad estructural, económica y social que afecta a estas regiones. Si bien la minería puede generar beneficios para las comunidades locales, como fuentes de empleo directo e indirecto, la voz de las comunidades locales queda relegada a un segundo plano, lo que puede llevar a la explotación de los recursos naturales sin considerar las necesidades y preocupaciones de las poblaciones.
Por otra parte, la minería aporta a la sociedad ventajas efímeras y limitadas; puede reactivar temporalmente las economías locales, pero su impacto se desvanece una vez que la minera abandona la zona. Además, transforma radicalmente las formas de vida de las comunidades, desplazando las prácticas tradicionales y dañando el medio ambiente.
La voz de las comunidades locales queda relegada a un segundo plano, lo que puede llevar a la explotación de los recursos naturales sin considerar sus necesidades y preocupaciones
Los residuos generados en el proceso de lixiviación se acumulan en diques de colas, cuya filtración implica severas consecuencias; constituyen uno de los ejes principales en el debate respectivo a su impacto ambiental. A ello debe agregarse el enorme consumo de recursos que estas técnicas demandan, los problemas de salud relacionados a la explotación metalífera, la violación de los derechos humanos y la falta de cumplimiento de políticas de responsabilidad social.
Las fuentes de contaminación se han dado principalmente de dos formas: cuando accidentalmente se liberan residuos de sus operaciones hacia cuencas, ríos, lagunas, napas subterráneas etc., es decir hacia las fuentes de los recursos hídricos; y cuando las mineras transportan los residuos tóxicos, en numerosas ocasiones indebidamente. Como consecuencia, muchas comunidades han estado expuestas a metales pesados (cianuro, plomo, cadmio, arsénico, mercurio, hierro, manganeso, selenio, entre otros) con sus respectivas secuelas en la salud. En una nota complementaria se presentan algunos ejemplos de proyectos mineros que han provocado conflictos ambientales graves en la Argentina y otros países de América Latina.
MEDIO AMBIENTE Y DERECHOS HUMANOS
Un medio ambiente sano es un derecho fundamental para la existencia de la humanidad. El artículo 41 de nuestra Constitución Nacional es taxativo al respecto: “… todos los habitantes tienen derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras”.
A su vez, la Ley 24.585 de Protección Ambiental de la Actividad Minera establece que las empresas mineras deberán presentar ante la autoridad de aplicación y antes del inicio de cualquier actividad un informe de impacto ambiental, que dé cuenta qué van a hacer, cuál es el área afectada, con qué impacto y cómo van a mitigarlo.
Sin embargo, a pesar de esta disposición constitucional, la falta de datos públicos provenientes de las mineras y los controles laxos de los gobiernos provinciales han generado una situación de opacidad y desregulación. En este sentido, es fundamental que se implementen medidas para garantizar la transparencia y la rendición de cuentas, así como para fortalecer los controles y la regulación de la actividad que protejan el medio ambiente y los derechos de los ciudadanos.
MEGAMINERÍA Y DESARROLLO SUSTENTABLE
El poder del Hombre sobre la Naturaleza se revela como un poder ejercido por algunos hombres sobre otros con la Naturaleza como instrumento.
(C. S. Lewis, La abolición del hombre, Cap. 3, pág. 26, 1943)
La transición energética global hacia fuentes más limpias y sostenibles generará una creciente demanda de minerales críticos. La Argentina cuenta con reservas significativas de estos minerales, como litio, grafito y cobalto, lo que la convierte en un país estratégico para abastecer este mercado.
El principal desafío para el desarrollo sustentable es encontrar y promover tecnologías y modelos organizacionales innovadores que ofrezcan mayores beneficios para la sociedad, un mejor aprovechamiento y protección de los recursos, y menores impactos negativos en el medio ambiente.
El desarrollo sostenible se enfoca en cubrir las necesidades de la generación actual sin poner en riesgo la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades y aspiraciones
Existen tecnologías de extracción más sostenibles, como la recuperación aurífera sin cianuro o la biolixiviación, que utiliza bacterias para extraer minerales sin el uso intensivo de agua. Además, las tecnologías de colas secas pueden reducir significativamente los riesgos de derrames y contaminación. Sin embargo, aunque pueden minimizar o eliminar muchos riesgos, todavía se encuentran en fases experimentales o no han sido implementadas a gran escala, lo que las hace más costosas. Es fundamental, entonces, incentivar la investigación y el desarrollo para hacerlas más accesibles y sostenibles a largo plazo.
Cabe recalcar que la explotación comercial de los recursos minerales tiene graves consecuencias para la salud pública, incluyendo la contaminación del agua, aire y suelo, y el aumento de enfermedades respiratorias, cáncer y otros problemas de salud. Es imperativo instaurar medidas de seguridad y responsabilidad ambiental para prevenir estos daños, fortalecer la regulación y supervisión gubernamental, educar debidamente a las comunidades sobre los riesgos y beneficios de la megaminería a cielo abierto e implementar programas de monitoreo y seguimiento de la salud.

Martín Ingrisani es médico por la Universidad del Salvador (USAL), especializado en Medicina Interna por la Universidad de Buenos Aires (UBA); jefe de residentes de Clínica Médica en el Hospital Británico de Buenos Aires y coordinador de Extensión Universitaria en Medicina, USAL. Se formó como comunicador en salud en la Sociedad Argentina de Periodismo Médico (SAPEM) de la Asociación Médica Argentina (AMA).