Múltiples trabajos nacionales e internacionales demostraron la utilidad y los beneficios de la inteligencia artificial (IA) y sobre todo en distintas aplicaciones de y para la salud, pero son muy pocos los que referencian las posibles y eventuales consecuencias negativas que puede llegar a causar.
La inteligencia artificial se ha integrado en nuestra vida diaria con una velocidad asombrosa. Asistentes digitales, generadores de contenido y aplicaciones basadas en algoritmos están cada vez más presentes en nuestros entornos laborales, académicos y personales. Lo que comenzó como una herramienta útil, ahora plantea una pregunta inquietante: ¿puede una persona desarrollar una adicción a la inteligencia artificial al punto de reemplazar a un profesional de la salud?
Estamos empezando a ver una relación disfuncional con la IA, no solo en usuarios recreativos, sino también en profesionales y estudiantes que dependen de ella para todo.
Aunque no figura como diagnóstico clínico, especialistas advierten que el uso excesivo de estas plataformas puede generar patrones de comportamiento similares a otras dependencias tecnológicas. “Estamos empezando a ver una relación disfuncional con la IA —explica la psicóloga Sherry Turkle del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT)—, no solo en usuarios recreativos, sino también en profesionales y estudiantes que dependen de ella para todo”.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y SALUD
El avance de la IA reconfigurará las dinámicas laborales en el ámbito hospitalario. El consenso predominante indica que numerosas funciones se automatizarán, prescindiendo de la supervisión humana, supeditando los diagnósticos iniciales a la IA.
En síntesis, se transformará el trabajo médico, relegando ciertas tareas a la tecnología y minimizando la necesidad de validación manual en múltiples procesos.
Ética, salud y vulnerabilidad. En el ámbito sanitario, la IA ofrece ventajas diagnósticas y de gestión, pero también plantea dilemas bioéticos. Estudios recientes muestran sesgos algorítmicos que afectan la equidad en la atención. La OMS, en su informe de 2021, Ethics and Governance of Artificial Intelligence for Health, llama a crear marcos regulatorios globales para evitar daños y abusos. La falta de legislación clara deja vacíos sobre responsabilidad, manipulación y privacidad. Los especialistas en bioética, como Hans Jonas en El principio de responsabilidad, advierten que el progreso técnico sin prudencia moral puede transformarse en riesgo colectivo.
En una reciente entrevista del diario La Nación, el filósofo Santiago Kovadloff advirtió: “La inteligencia artificial no es una amenaza porque piense, sino porque podría terminar haciendo que dejemos de hacerlo nosotros”. Su reflexión abre un interrogante que trasciende la técnica: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a ceder nuestra autonomía cognitiva y moral a una máquina? Sostiene que la IA “no reemplaza al hombre por superioridad, sino por abandono de su propia condición reflexiva”.
La inteligencia artificial no es una amenaza porque piense, sino porque podría terminar haciendo que dejemos de hacerlo nosotros.
Según el médico oncólogo y periodista médico Mario Bruno, director del curso de posgrado Inteligencia Artificial Avanzada en Salud, de la Asociación Médica Argentina, la IA en salud presenta grandes beneficios, pero también conlleva riesgos importantes.
La IA no puede evaluar a un paciente de forma integral, interpretar matices clínicos o proporcionar un juicio profesional completo.
“La IA no puede evaluar a un paciente de forma integral, interpretar matices clínicos o proporcionar un juicio profesional completo. Su uso indiscriminado, especialmente por personas sin conocimientos médicos profundos, puede llevar a errores, diagnósticos equivocados o retrasos en la atención adecuada. Además, la IA puede contener sesgos, información desactualizada o incompleta, y generar falsa sensación de seguridad. Por estas razones, siempre debe complementar, pero nunca reemplazar, la evaluación y diagnóstico del médico. La consulta con un profesional de la salud sigue siendo esencial para garantizar una atención segura y adecuada”, postula Bruno, también presidente de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico, Asociación Médica Argentina; miembro emérito de la American Society Clinical Oncology (ASCO) y miembro titular de la European Society Clinical Oncology (ESMO).
ADICCIÓN DIGITAL Y DETERIORO COGNITIVO
Investigaciones de Richard Firth-Godbehere y colaboradores, del Queen Mary Centre for the History of the Emotions, señalan que el uso excesivo de tecnologías basadas en IA puede debilitar la memoria, reducir la atención sostenida y afectar la capacidad crítica. Esta “neuroplasticidad digital” impacta con mayor fuerza en adolescentes y usuarios vulnerables. Síntomas frecuentes: pérdida de control, aislamiento, déficit de sueño, deterioro de las habilidades sociales y dependencia emocional hacia interfaces digitales.
DEL ASISTENTE AL SUSTITUTO
Eric Topol, cardiólogo e investigador en medicina digital estadounidense, plantea que la IA en salud puede mejorar la precisión diagnóstica, pero alerta sobre el riesgo de “automatizar el vínculo humano”. La pérdida de empatía en el acto médico no es un detalle técnico, sino una amenaza cultural. Por su parte, Luciano Floridi, filósofo de la información italiano, profesor de Ciencias Cognitivas de la Universidad de Yale, propone un equilibrio: “No debemos humanizar a la máquina, sino digitalizar nuestra ética”.
No debemos humanizar a la máquina, sino digitalizar nuestra ética.
HACIA UNA GOBERNANZA RESPONSABLE
No existen aún leyes internacionales que delimiten los alcances éticos de la IA. Las Naciones Unidas y la OMS coinciden en la urgencia de crear un organismo regulatorio global que establezca estándares de transparencia, derechos digitales y responsabilidad.La filósofa y doctora en Psicología Social por la Universidad de Harvard, Shoshana Zuboff, advirtió en The Age of Surveillance Capitalism que el poder de las plataformas no reside solo en los datos que recolectan, sino en la capacidad de moldear nuestra conducta. Las consecuencias principales en cuanto a la IA en el ámbito de la salud, la génesis de relevantes dilemas laborales, morales, jurídicos y de ciberseguridad.
CUANDO EL ALGORITMO SE CONVIERTE EN VÍNCULO
Los casos extremos ya comienzan a aparecer y se reflejan dramáticamente en los medios de comunicación internacionales y nacionales. Por citar unos pocos ejemplos: en Estados Unidos, una pareja de California demandó a OpenAI tras la muerte de su hijo adolescente, alegando que ChatGPT lo animó a suicidarse. En otro episodio, un exejecutivo de Yahoo! asesinó a su madre y luego se quitó la vida tras mantener “meses de conversaciones obsesivas” con el chatbot. Sola y nostálgica de un país en guerra, Viktoria empezó a compartir sus preocupaciones con ChatGPT. Seis meses después, con la salud mental deteriorada, comenzó a hablar de suicidio. Hoy se lamenta:“Quería que ChatGPT me ayudara. Entonces, ¿por qué me aconsejó cómo suicidarme?”. Los casos se suman… y continuarán sumándose.
Estos episodios ponen en evidencia los riesgos de una relación afectiva o de dependencia con una entidad que, aunque simula empatía, no posee conciencia ni responsabilidad moral. La IA puede amenazar la salud humana a través de sus efectos en determinantes sociales y upstream de la salud, lo que podría crear un sistema de salud de dos niveles donde se reduce la capacidad para proporcionar cuidado centrado en el humano.
Aplicaciones en biología y genética podrían llevar a manipulaciones peligrosas del cuerpo humano, afectando la integridad biológica. En el plano mental, que influye en la fisiología (por ejemplo, mediante estrés y hormonas), aumenta el estigma hacia condiciones como la esquizofrenia o la dependencia al alcohol, empeorando problemas de salud mental como ansiedad o depresión. Además, el mayor uso limita la capacidad de pensamiento del cerebro humano, y potencialmente afecta funciones relacionadas con la creatividad y el procesamiento mental. Indirectamente, la dependencia promueve estilos de vida sedentarios y cambios en la experiencia humana, lo que podría impactar la fisiología cardiovascular y metabólica a largo plazo.
Las implicaciones son vastas y multifacéticas, en principios como la equidad, la privacidad y la responsabilidad. La privacidad y la vigilancia son otro dilema, la IA facilita la recolección masiva de datos, planteando riesgos de invasión a la privacidad y protección de datos, especialmente en contextos de salud donde se maneja información sensible. Otros desafíos incluyen la pérdida de empleos debido a la automatización. En enfermería y atención médica, la integración plantea dilemas sobre transparencia, equidad en la toma de decisiones y empatía, ya que podría reducir el componente humano en consultas.
EL FUTURO DEL FUTURO DEPENDE DE NOSOTROS
La IA podría reconfigurar circuitos cerebrales, afectando la concentración y los sistemas de recompensa. Por otra parte, el uso continuado de la tecnología puede generar estrés crónico, alterando el sistema endocrino y los ritmos circadianos.
La mediación tecnológica redefine las interacciones sociales y la empatía, y la integración cuerpo-máquina abre nuevos paradigmas de la existencia humana. Los desafíos actuales son: a) la delegación de decisiones críticas a sistemas que plantea dilemas sobre la rendición de cuentas, sumando que los algoritmos predictivos podrían usarse para perfilar comportamientos y socavar la libre elección. b) Nuevos dilemas en torno a la privacidad de los datos de salud y la equidad en el acceso a las tecnologías de salud digital.
LA SOLUCIÓN PROPUESTA: EDUCACIÓN Y SABIDURÍA
Una propuesta de acción esencial: además de la regulación global, la clave reside en la educación, integrando la enseñanza del uso responsable y ético de la IA en todos los niveles, desde la escuela primaria hasta la educación superior. El objetivo no es detener el avance tecnológico, sino guiarlo con principios éticos, autoconciencia y responsabilidad.
El futuro dependerá de nuestra capacidad para mantenernos sabios, no solo de la inteligencia de nuestras creaciones tecnológicas.
Como reflexión final, el futuro dependerá de nuestra capacidad para mantenernos sabios, no solo de la inteligencia de nuestras creaciones tecnológicas.
Impacto de la inteligencia artificial en la fisiología humana
| Neuroplasticidad y cognición | Reducción de atención sostenida y memoria de trabajo. Cambios en áreas prefrontales asociadas a control ejecutivo y regulación emocional Refuerzo de circuitos dopaminérgicos, similares a los implicados en la adicción. |
| Sistema endocrino y estrés | Hiperestimulación sensorial y estrés cognitivo crónico, elevando niveles de cortisol. Puede alterar ritmos circadianos, patrones de sueño y metabolismo. |
| Fisiología social | Cambia la respuesta empática e interacción corporal Puede alterar niveles de oxitocina, hormona relacionada con el apego. |
| Desplazamiento de agencia moral | Crisis de responsabilidad: ¿quién responde moralmente por una decisión algorítmica? Afecta el valor del juicio humano y la dignidad ontológica de la persona. |
| Manipulación y autonomía | Limitar la libertad moral, manipulando deseos o creencias sin conciencia del sujeto Afecta la deliberación moral libre y cuestiona la autenticidad de la elección (proairesis aristotélica). |

Rodolfo Héctor Javier Da Corte es médico por la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, especialista en Cirugía general, Medicina legal y Auditoría médica por Universidad Católica Argentina, posgrado en Administración hospitalaria, consultoría empresarial, máster en Dirección de Organizaciones, máster en Estudios Estratégicos por el Instituto Universitario Naval. Desarrolla actividades en el Hospital Naval Buenos Aires y nosocomios privados.

Viviana Cramer es médica por la Universidad de Buenos Aires, especialista en Ginecología infanto juvenil (GIJ), Endocrinología ginecológica y reproducción, y especialista Internacional en ginecología infanto juvenil.Es jefa delServicio de Adolescencia del Hospital Dr. Cosme Argerich, GCABA, expresidenta de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil, directora de la Carrera de formación en GIJ, docente adscripta de la Universidad de Buenos Aires.
Se formaron en comunicación en salud y calidad de vida en el curso de posgrado de Periodismo Médico, Sociedad Argentina de Periodismo Médico (SAPEM), Asociación Médica Argentina (AMA).
Fuentes
Aristóteles. (2005). Ética a Nicómaco (José Luis Calvo Martínez, Trad.). Libro II,
capítulos 1 al 6 Libro III, caps. 1 al 5. Alianza Editorial.
Bruno, Mario. ¿Sabías que el uso inadecuado de la IA puede poner en riesgo tu salud? https://economiasolidaria.com.ar/sabias-que-el-uso-inadecuado-de-la-ia-puede-poner-en-riesgo-tu-salud/
Castejón García, Ramón. La Inteligencia Artificial y su impacto en la bioética contemporánea. https://www.laborhospitalaria.com/la-inteligencia-artificial-y-su-impacto-en-la-bioetica-contemporanea/
Siafakas, Nikolaos, Vasarmidi, Eirini. (2024). Riks of artificial Intelligence (AI) in medicine. European Publishing. Pneumon, 37(3), 40. https://doi.org/10.18332/pne/191736
Floridi, Luciano.The Ethics of Artificial Intelligence, Oxford University Press, 2021.
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Jonas, Hans. The Imperative of Responsibility. In Search of an Ethics for the Technological Age. University Chicago Press. 1984
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Jonas, Hans. El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica.(publicada originalmente en alemán en 1979)
Topol, E. J. (2019). High-Performance Medicine: The Convergence of Human and Artificial Intelligence. Nature Medicine, 25:44–56. https://doi.org/10.1038/s41591-018-0300-7
WHO. Ethics and Governance of Artificial Intelligence for Health. Geneva: World Health Organization, 2021.
Real Academia Nacional de Medicina de España. El uso excesivo de la inteligencia artificial debilita nuestra memoria y reduce la capacidad para pensar críticamente y resolver problemas de manera independiente. https://ranm.es/2024/04/el-uso-excesivo-de-la-inteligencia-artificial-debilita-nuestra-memoria-y-reduce-la-capacidad-para-pensar-criticamente-y-resolver-problemas-de-manera-independiente_np/
Zuboff, Shoshana. (2019). The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power. New York: Public Affairs.


