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Vivimos en una época en la cual la información sobre alimentación abunda. Las redes sociales, los medios de comunicación y las etiquetas de los productos nos bombardean constantemente con mensajes sobre qué comer, qué evitar o qué “superalimentos” podrían mejorar nuestra salud. Sin embargo, en esta sobreexposición informativa muchas veces falta lo más importante: comprender la ciencia que hay detrás de los alimentos.

La capacidad de analizar, comparar y evaluar críticamente esa información es parte de lo que se conoce como alfabetización científica. Este concepto implica no solo conocer hechos científicos, sino también comprender cómo se construyen los conocimientos, cuáles son sus límites y de qué manera se relacionan con la vida cotidiana. Con este propósito, un grupo de docentes/investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires desarrollamos desde 2024 el proyecto de extensión universitaria “Divulgando la ciencia de los alimentos para promover una alimentación saludable” (Proyecto UBANEX 14). La propuesta surge como respuesta a la necesidad de acercar la ciencia a la comunidad, especialmente a adolescentes y jóvenes, y de formar profesionales universitarios capaces de comunicar su conocimiento de manera clara, responsable y comprometida.

LA CIENCIA QUE SE COMPARTE 

El proyecto se enmarca en la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable (Ley 27.642), sancionada en la Argentina en 2021, que busca garantizar el derecho a una información clara y veraz sobre los alimentos. Uno de los pilares de esta normativa es la educación alimentaria y nutricional en las escuelas. A partir de ello, quisimos elaborar una propuesta que nos permitiera promover el intercambio entre la universidad y la educación secundaria.

Se elaboró una propuesta que permite promover el intercambio entre la universidad y la educación secundaria.

El diseño integral de las actividades se construyó bajo el concepto de diálogo de saberes. Por un lado, los docentes y estudiantes universitarios de Farmacia y Bioquímica aportan sus conocimientos en ciencia y tecnología de los alimentos. Por otro lado, los estudiantes secundarios comparten sus percepciones, dudas y experiencias sobre lo que consumen día a día. De ese intercambio surge un aprendizaje compartido que va mucho más allá de la transmisión unidireccional de contenidos: se trata de construir sentido sobre los alimentos desde la práctica y la reflexión conjunta.

La actividad se desarrolla a través de talleres experimentales que se realizan en escuelas secundarias de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires.

La actividad se desarrolla a través de talleres experimentales que se realizan en escuelas secundarias de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, o bien en los laboratorios de la Facultad. Cada jornada tiene una duración de cuatro horas y se organiza en un sistema de estaciones de trabajo, en las que pequeños grupos de estudiantes rotan para realizar diferentes experiencias. Esta dinámica permite mantener el interés, fomentar la participación y promover la interacción entre los participantes.

DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE ALIMENTOS

Las temáticas abordadas son diversas y apuntan a conectar la ciencia con la realidad cotidiana. En las estaciones se estudian, por ejemplo: la genuinidad y el estado de conservación de productos cárnicos, lácteos y farináceos; la interpretación del rotulado nutricional frontal; la extracción de ADN a partir de frutas y su relación con la biotecnología; la observación microscópica de especias como pimentón y orégano, para detectar adulteraciones; el uso de indicadores de pH y su aplicación en la conservación de alimentos; o la producción de carne cultivada en laboratorio, un tema que despierta enorme curiosidad entre los adolescentes.

Se busca mostrar que la ciencia no es un conjunto de fórmulas abstractas, sino una herramienta para entender y mejorar aspectos concretos de la vida diaria, como lo que comemos y cómo lo elegimos.

Cada experiencia está diseñada para promover la observación, la formulación de hipótesis, la experimentación y la elaboración de conclusiones, pasos esenciales del pensamiento científico. Pero, sobre todo, se busca mostrar que la ciencia no es un conjunto de fórmulas abstractas, sino una herramienta para entender y mejorar aspectos concretos de la vida diaria, como lo que comemos y cómo lo elegimos.

ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS QUE ENSEÑAN Y APRENDEN

Uno de los ejes centrales de la propuesta es la formación de los estudiantes universitarios como divulgadores científicos. A través de su participación en la Práctica Social Educativa (PSE), los alumnos de Farmacia y Bioquímica reciben capacitación teórica y práctica en ciencia y tecnología de los alimentos, así como en herramientas comunicacionales para trabajar con estudiantes secundarios.

El proceso comienza con un encuentro inicial en el que los estudiantes se familiarizan con la dinámica de los talleres y con la misión de “divulgar”. Luego, participan en actividades de entrenamiento en laboratorio, donde aprenden los procedimientos experimentales en los cuales guiarán más tarde a los estudiantes secundarios. Finalmente, asumen el rol de coordinadores de estaciones, acompañados por docentes de las distintas cátedras participantes. Durante los talleres, deben adaptar su lenguaje, estimular la participación de los grupos y responder preguntas espontáneas, muchas veces inesperadas.

Para muchos de estos futuros profesionales, es la primera experiencia de enseñanza fuera del aula universitaria. Al finalizar su participación, los estudiantes elaboran una monografía donde reflexionan sobre su crecimiento personal y profesional. En ellas destacan la posibilidad de aplicar los conocimientos adquiridos en contextos reales, el valor del trabajo en equipo y la satisfacción de ver el interés genuino que despierta la ciencia en los adolescentes.

APRENDIZAJE ACTIVO PARA JÓVENES CURIOSOS

Los estudiantes secundarios, destinatarios principales del proyecto, también se convierten en protagonistas de su propio aprendizaje. Al manipular materiales, observar reacciones o comparar resultados, desarrollan habilidades de pensamiento científico: observar, registrar, inferir y comunicar. Para cerrar cada jornada, completan un “ticket de salida”, una breve encuesta donde expresan qué aprendieron, qué les resultó más interesante y qué dudas surgieron. Esta herramienta, sencilla pero poderosa, permite a los docentes y estudiantes universitarios recoger información valiosa sobre el impacto del taller y ajustar las futuras actividades. A partir de los comentarios de los estudiantes se elabora una nube de palabras, que refleja de forma visual los temas más mencionados: “experimentos”, “rotulado”, “curiosidad”, “salud”, “química”, “alimentos”. En paralelo, los estudiantes universitarios completan un “Padlet” (una pizarra digital colaborativa) donde evalúan su propio desempeño, intercambian observaciones y proponen mejoras.

En total, han participado más de 150 alumnos de nivel medio, y los resultados son consistentes: los jóvenes manifiestan entusiasmo por aprender mediante la experimentación, mientras que los docentes de las escuelas destacan la aplicabilidad de las actividades y la claridad de las explicaciones.

PLANIFICACIÓN, COMPROMISO Y TRABAJO EN EQUIPO

Detrás de cada taller hay una cuidadosa planificación y una gran coordinación institucional. Participaron 21 docentes e investigadores de distintos Departamentos de la Facultad: Ciencias Biológicas; Sanidad, Nutrición, Bromatología y Toxicología; Ciencias Químicas y Farmacología. Todos ellos cuentan con amplia experiencia en docencia, investigación y divulgación científica. La preparación incluye desde la capacitación de los universitarios hasta la logística para el traslado de materiales, la organización de los grupos, la obtención de autorizaciones y la gestión de los insumos de laboratorio. Cada detalle se diseña con el objetivo de garantizar que la experiencia sea segura, inclusiva y enriquecedora para todos los participantes. La evaluación continua es otra característica clave. Cada instancia del proyecto se analiza para identificar logros, desafíos y oportunidades de mejora. Esta retroalimentación constante permite sostener la calidad del proyecto y adaptar los contenidos a las necesidades de cada comunidad educativa.

CIENCIA DE LOS ALIMENTOS Y FUTURO

El impacto de este tipo de proyectos va más allá de los resultados inmediatos. En los estudiantes secundarios, fomenta la curiosidad científica, la valoración del conocimiento y la posibilidad de imaginar una futura carrera en el campo de las ciencias. En los universitarios, fortalece competencias transversales como la comunicación, el trabajo colaborativo y la responsabilidad social. Pero también hay un efecto multiplicador: los adolescentes que participan en los talleres comparten lo aprendido con sus familias y amigos, contribuyendo a una mayor conciencia social sobre la alimentación saludable y el pensamiento crítico frente a la información alimentaria.

Como sostiene la educadora argentina María Nieves Tapia, el compromiso social en la educación superior no es un agregado, sino una dimensión esencial del aprendizaje. En este caso, la extensión universitaria se convierte en una forma concreta de cumplir ese compromiso: formar profesionales que no solo sepan, sino que también se sientan parte activa de la sociedad a la que pertenecen. En un contexto donde la desinformación y las noticias falsas sobre alimentación se propagan con facilidad, este tipo de experiencias se vuelve indispensable. Promover la alfabetización científica, enseñar a leer una etiqueta o a interpretar un experimento simple son formas de empoderar a las personas para que tomen decisiones más informadas y saludables.

Promover la alfabetización científica, enseñar a leer una etiqueta o a interpretar un experimento simple son formas de empoderar a las personas para que tomen decisiones más informadas y saludables.

El proyecto “Divulgando la ciencia de los alimentos para promover una alimentación saludable” demuestra que la ciencia puede y debe salir del laboratorio para encontrarse con la comunidad. Porque aprender de los alimentos no solo mejora nuestra salud, sino también nuestra capacidad de pensar críticamente, de preguntar y de construir juntos una sociedad más informada y consciente.

El proyecto “Divulgando la ciencia de los alimentos para promover una alimentación saludable” demuestra que la ciencia puede y debe salir del laboratorio para encontrarse con la comunidad.

Referencias bibliográficas

Furman, M., & Podestá, M. E. (2021). La aventura de enseñar ciencia (2.ª ed.). Aique.

Oyhandy, M., & Maroscia, C. (2025). La extensión universitaria en clave metodológica. Edulp.

Tapia, M. N. (2018). El compromiso social en el currículo de la educación superior. Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (CLAYSS), Buenos Aires.

Carola Beatriz Greco. Bioquímica por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Doctora de la UBAs. Área: Farmacia y Bioquímica. Profesora adjunta regular de la Cátedra de Bromatología, Facultad de Farmacia y Bioquímica, UBA. Docente Autorizada de la UBA.

Carolina Cagnasso. Bioquímica y doctora de la Universidad de Buenos Aires. Docente de la cátedra de Bromatología, Facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires (FFyB-UBA).

Graciela Calabrese. Bioquímica, Facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires. Doctora de la Universidad de Buenos Aires, Área Ciencias Biológicas. Profesora asociada, Cátedra de Biología Celular y Molecular, Departamento de Ciencias Biológicas, FFyB-UBA. Docente con Formación Pedagógica en Enseñanza Universitaria, Orientación Ciencias de la salud, UBA.

Laura Beatríz López. Bioquímica por la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), doctora de la UBA, Área Bromatología. Profesora titular regular de la Cátedra de Bromatología, FFyB, UBA, y docente con Formación Pedagógica en Enseñanza Universitaria, Orientación Ciencias de la salud, UBA.