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Cincuenta años después de su publicación, el artículo de Amos Tversky y Daniel Kahneman sobre los juicios bajo incertidumbre sigue desafiando nuestra confianza en la razón. Este trabajo fundacional reveló que nuestras decisiones, lejos de ser puramente racionales, dependen de atajos mentales —los heurísticos— que nos permiten pensar rápido, aunque a veces nos conduzcan a errores sistemáticos. Desde entonces, la psicología, la economía y la neurociencia se han unido para entender por qué el cerebro humano elige como elige.

INTRODUCCIÓN: CUANDO LA MENTE ECONOMIZA

En 1974, dos psicólogos israelíes —Amos Tversky y Daniel Kahneman— publicaron en Science un artículo que cambiaría para siempre la manera en que entendemos la toma de decisiones humanas. Su trabajo, Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases, propuso una idea revolucionaria: nuestra mente no razona siempre de forma lógica ni estadísticamente correcta, sino que recurre a atajos mentales —heurísticos— que simplifican el mundo, pero a costa de cometer errores sistemáticos y predecibles.

Hasta ese momento, el paradigma dominante asumía que las personas tomaban decisiones racionales, evaluando costos, beneficios y probabilidades. Tversky y Kahneman demostraron, con elegancia experimental, que el cerebro no funciona como una calculadora: funciona más bien como un narrador. Un narrador rápido, confiado y, a veces, equivocado.

HEURÍSTICOS: EL ARTE DE DECIDIR CON POCA INFORMACIÓN

El término heurístico proviene del griego heuriskein, “descubrir”. En este contexto, hace referencia a las reglas simples que utilizamos para evaluar situaciones complejas sin analizar todos los datos. Estos atajos son adaptativos —nos permiten sobrevivir en entornos inciertos—, pero también generan sesgos cognitivos: desviaciones sistemáticas respecto a la racionalidad.

Tversky y Kahneman describieron tres heurísticos principales:

  1. Representatividad: juzgar la probabilidad de un evento por su similitud con un prototipo.
  2. Disponibilidad: estimar la frecuencia de algo según lo fácil que nos resulta recordarlo.
  3. Anclaje y ajuste: basar nuestras estimaciones en un valor inicial, aunque sea irrelevante.

Veamos cómo operan, con ejemplos cotidianos inspirados en su trabajo.

LA TRAMPA DE LA REPRESENTATIVIDAD

Supongamos que te presentan a Santiago, un joven callado, meticuloso, amante de los detalles y de los juegos de estrategia.
Ahora te preguntan:
¿Es más probable que Santiago sea ingeniero de sistemas o vendedor de seguros?

La mayoría elige “ingeniero”, porque su descripción coincide con el estereotipo que tenemos de esa profesión. Sin embargo, en términos estadísticos, hay muchos más vendedores de seguros que ingenieros, por lo que, en ausencia de otros datos, la segunda opción es objetivamente más probable.

Este es el clásico sesgo de representatividad: inferimos la probabilidad de algo según su semejanza con un modelo mental, ignorando las proporciones reales del mundo.

A nivel cerebral, este tipo de inferencias rápidas reclutan regiones prefrontales ventromediales y del estriado ventral, que ponderan la coherencia emocional o narrativa de la información, más que su verosimilitud estadística. En otras palabras, el cerebro se deja seducir por la historia que “encaja”.

LA ILUSIÓN DE LA DISPONIBILIDAD

Ahora imaginemos que se te pide estimar qué causa más muertes al año: ¿los ataques de tiburón o las caídas en el baño?

La mayoría responde “tiburones”, aunque las estadísticas muestran lo contrario por varios órdenes de magnitud.

¿Por qué? Porque los ataques de tiburón son fáciles de recordar: aparecen en las noticias, en películas, generan emoción. Las caídas, en cambio, pasan inadvertidas.

El heurístico de disponibilidad hace que confundamos facilidad de recuerdo con frecuencia real.

Las estructuras cerebrales implicadas —como la amígdala y el hipocampo— almacenan y recuperan la información cargada emocionalmente con más fuerza. Por eso, el miedo se convierte en un potente modulador de nuestras decisiones: recordamos lo que nos impacta, no lo que ocurre más seguido.

EL ANCLAJE: LA FUERZA DE LA PRIMERA IMPRESIÓN

Tversky y Kahneman demostraron también que un número inicial, aunque sea irrelevante, puede sesgar nuestras estimaciones posteriores.

Por ejemplo, si alguien te pregunta:

“¿Creés que el promedio de temperatura anual en la Antártida es mayor o menor que –10 °C?”

y luego te pide que des un valor concreto, tus respuestas tenderán a acercarse al “ancla” inicial.

Si en cambio te hubieran dicho –30 °C, tus estimaciones se desplazarían hacia abajo.

El número previo condiciona tu marco de referencia, incluso si sabés que fue arbitrario.

Desde la neurociencia, este fenómeno se asocia con la corteza orbitofrontal, que codifica el valor relativo de la información. El cerebro no evalúa datos absolutos, sino diferencias respecto a un punto de partida.

DE LA PSICOLOGÍA A LA NEUROCIENCIA DE LA DECISIÓN

Cincuenta años después del artículo original, la obra de Tversky y Kahneman se considera fundacional para campos como la neuroeconomía y la neurociencia de la decisión. Hoy sabemos que los sesgos heurísticos emergen de la interacción entre sistemas cerebrales automáticos, rápidos y emocionales (corteza límbica, amígdala, estriado) y sistemas deliberativos más lentos y controlados (corteza prefrontal dorsolateral, cíngulo anterior).

Este modelo dual —popularizado por Kahneman en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”— se traduce en dos modos de pensamiento:

Sistema 1: intuitivo, asociativo, veloz y eficiente, pero sesgado.
Sistema 2: analítico, consciente y racional, aunque más lento y demandante.

La mente moderna vive en permanente negociación entre ambos. Cuando el Sistema 1 domina, decidimos como lo haría un animal bien adaptado a la incertidumbre; cuando el Sistema 2 interviene, razonamos como científicos… aunque no siempre tengamos tiempo o energía para hacerlo.

PONGAMOS A PRUEBA NUESTROS PROPIOS SESGOS

Antes de leer las respuestas al final, intentá resolver estas tres preguntas breves inspiradas en Tversky y Kahneman:

  1. Una medialuna y un café cuestan $1.100 en total. El café cuesta $1.000 más que la medialuna. ¿Cuánto cuesta la medialuna?
  2. Un hospital pequeño registra más días en los que más del 60% de los nacimientos son de varones que un hospital grande. ¿Por qué?
  3. Después de ver varios accidentes de avión en las noticias, ¿te parece más riesgoso volar o manejar?

(Las respuestas están al final de la nota)

UNA REVOLUCIÓN QUE CAMBIÓ LA ECONOMÍA (Y LA CIENCIA DEL COMPORTAMIENTO)

El trabajo de 1974 fue el punto de partida de una transformación profunda: por primera vez, la irracionalidad se volvió objeto legítimo de estudio científico.
Dos décadas más tarde, esa línea de investigación derivó en lo que hoy conocemos como economía conductual, donde se analizan las decisiones reales de las personas, no las ideales que predicen los modelos matemáticos.

En 2002, Daniel Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía, convirtiéndose en el primer psicólogo en obtenerlo. El comité destacó que su trabajo, junto a Tversky, “introdujo la psicología cognitiva en la economía”, demostrando que los sesgos del pensamiento humano tienen consecuencias medibles en los mercados, en las políticas públicas y en nuestra vida cotidiana.

Tversky había fallecido unos años antes, pero su influencia fue reconocida como inseparable de ese logro.

El Nobel consagró una intuición profunda: entender la mente humana requiere aceptar sus imperfecciones.

CONCLUSIÓN: LA MENTE COMO UN LABORATORIO DE ERRORES ÚTILES

El legado de Tversky y Kahneman trasciende la psicología. Nos invita a estudiar la mente como un sistema biológico adaptado a la incertidumbre, capaz de cometer errores predecibles porque han sido —y en muchos casos siguen siendo— útiles para sobrevivir.

Comprender esos errores es comprendernos mejor.

Y, tal vez, empezar a diseñar entornos —educativos, clínicos, económicos— donde pensar bien sea un poco más fácil.

Mariano Boccia es bioquímico y farmacéutico por la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, doctor de la UBA, profesor asociado de la Cátedra de Farmacología e investigador independiente del CONICET. Miembro del Comité científico-editorial de Farmacia y Bioquímica en foco.

Respuestas a las preguntas

  1. La medialuna cuesta $ 50.
  2. El hospital pequeño tiene mayor variabilidad estadística, lo que aumenta la frecuencia de casos extremos.
  3. Volar es mucho menos riesgoso que manejar; la percepción está distorsionada por la disponibilidad de recuerdos emocionales.

Referencia

Tversky, A. & Kahneman, D. (1974). Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases. Science, 185(4157), 1124–1131.

Lectura recomendada Kahneman, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio. Barcelona: Debate.