En esta entrevista, Leonardo Ghioldi, médico psiquiatra y actual decano del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina profundizó en el renacimiento de la psilocibina, un compuesto que promete revolucionar el tratamiento de trastornos psiquiátricos complejos.
La psilocibina, presente en ciertos hongos alucinógenos, ha cobrado interés en años recientes por su efectividad en el tratamiento de trastornos psiquiátricos resistentes a las terapias convencionales. Según Leonardo Ghioldi, en casos de depresión resistente al tratamiento, estudios recientes han mostrado resultados alentadores. Investigaciones, como las de Robin Carhart-Harris, del Imperial College of London, demuestran que una o dos sesiones controladas con psilocibina pueden aliviar los síntomas depresivos con rapidez y duración superiores a las de los antidepresivos tradicionales, como el escitalopram.
Ghioldi es médico psiquiatra subespecializado en adicciones y médico forense. Su vasta experiencia incluye haber ejercido roles clave en el Hospital Nacional en Red especializado en salud mental y adicciones (ex CeNaReSo); actualmente es decano del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y consultor en la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA).
El experto también destacó la utilidad de la psilocibina en la reducción de la ansiedad en pacientes con enfermedades terminales. En palabras del especialista: “Imaginemos a alguien que deba enfrentar un diagnóstico de cáncer o algo igual de grave. Una única dosis de psilocibina puede aliviar el miedo a la muerte y mejorar su bienestar emocional. Esto cambia completamente la experiencia de estos pacientes”.
En otras áreas, como el tratamiento del estrés postraumático y las adicciones, Ghioldi reconoció que la investigación aún está en etapas tempranas. Sin embargo, existen indicios sólidos de que este compuesto puede facilitar una reestructuración emocional profunda y romper patrones destructivos. Para él, el potencial terapéutico de la psilocibina radica en su capacidad para generar experiencias de transformación emocional, algo que resulta clave en condiciones psiquiátricas complejas.

Al abordar las diferencias entre la psilocibina sintética y la de hongos naturales, el especialista destacó que la versión sintética, al ser pura, permite un control preciso de la dosis, lo que la hace más segura para el uso clínico. En cambio, los hongos presentan variaciones en su contenido de psilocibina y contienen otros compuestos, como la baeocistina, cuyo papel en la experiencia psicodélica aún no está claro. Desde el punto de vista psicológico, muchas personas asocian el uso de hongos naturales con una experiencia más “espiritual” o “auténtica”, mientras que la psilocibina sintética se relaciona con un enfoque más estructurado y clínico. Hasta ahora, la mayoría de los estudios científicos han utilizado la versión sintética, precisamente por su reproducibilidad y seguridad.
La regulación de la psilocibina plantea múltiples desafíos éticos, entre ellos, garantizar un acceso justo. Si bien su regulación como tratamiento médico asegura un uso controlado, esto podría limitar su disponibilidad para quienes no puedan costearlo o vivan en países donde no esté legalizada. Además, los hongos psilocibios han sido utilizados durante siglos por comunidades indígenas, y la comercialización de la psilocibina por parte de farmacéuticas genera preocupaciones sobre la apropiación cultural. Para Ghioldi, es fundamental encontrar un equilibrio que respete las prácticas tradicionales y asegure que los beneficios se distribuyan de manera equitativa.
Otro punto importante es el estigma asociado a los psicodélicos. A pesar de la creciente evidencia científica, muchas personas todavía los relacionan con el uso recreativo y los prejuicios del pasado. Superar este estigma, según el especialista, es esencial para avanzar hacia una regulación basada en evidencia y no en miedos infundados.
Finalmente, Ghioldi recordó los antecedentes históricos del uso terapéutico de la psilocibina. En los años 60 y 70 del siglo pasado, se realizaron investigaciones prometedoras en el país bajo la dirección del doctor Alberto Ernesto Fontana1. Sin embargo, los reportes de efectos adversos y su asociación con el uso recreativo llevaron a que cayera en desuso. En las últimas décadas, particularmente desde California, la comunidad científica redescubrió su valor terapéutico, lo que permitió superar prejuicios y retomar su estudio desde un enfoque más riguroso.
Respecto del actual renacimiento de la psilocibina, señaló: “Es un ejemplo de cómo la ciencia puede recuperar herramientas valiosas que antes fueron descartadas. Hoy estamos viendo cómo un compuesto asociado con el estigma está transformando vidas en entornos controlados. El desafío está en hacerlo accesible y ético”.
En conclusión, Ghioldi sostiene que la psilocibina tiene el potencial de transformar el tratamiento de trastornos psiquiátricos, pero su regulación debe equilibrar la accesibilidad, el respeto a las tradiciones culturales y la seguridad. Su resurgimiento representa una oportunidad para la medicina y la psiquiatría, siempre que se aborde con ética.

Entrevistó: Marina Moreira, médica anestesióloga por la Universidad de Buenos Aires; especialista en Tratamiento del dolor y cuidados paliativos; miembro de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA). Periodista médica SAPEM-AMA.
- Desde mediados de la década de 1950 Alberto Fontana, junto con Alberto Tallaferro, Luisa Gambier de Álvarez de Toledo y Francisco Pérez Morales, investigaron en la Argentina el uso de alucinógenos como “coadyuvantes de la psicoterapia”. ↩︎


