A pesar de las múltiples investigaciones que buscan comprender los mecanismos involucrados en la cardiopatía isquémica, esta patología continúa siendo la principal causa de muerte a nivel mundial y afecta a más de 8 millones de personas por año. ¿Cuáles son las estrategias terapéuticas en estudio y de qué manera pueden ayudar a prevenir las muertes por infarto agudo de miocardio?
La elevada incidencia de enfermedades cardiovasculares en la sociedad actual es un problema de salud pública que genera gran preocupación. Dentro de estas, la cardiopatía isquémica constituye la principal causa de muerte por enfermedades no transmisibles a nivel mundial. Esta patología se produce por una falla en el aporte de oxígeno y nutrientes al tejido cardíaco –denominada isquemia– y se debe normalmente a alteraciones en el flujo coronario. Cuando esto ocurre, la producción energética en el corazón se ve significativamente afectada: las células cardíacas producen menor cantidad de energía que la que realmente necesitan, y esto, a través de diversos mecanismos, puede llevar a su muerte.
La principal estrategia terapéutica ante la isquemia es el restablecimiento del flujo sanguíneo a nivel coronario, también conocido como reperfusión. Este procedimiento es fundamental para prevenir la pérdida de células viables a nivel cardíaco y limitar así el tamaño del infarto. Sin embargo, investigaciones previas demostraron que la reperfusión genera un daño adicional al tejido cardíaco. ¿Cómo podemos, entonces, mejorar la recuperación de los pacientes con cardiopatía isquémica y disminuir el riesgo de muerte?
Múltiples grupos a nivel mundial se dedican, desde la investigación básica, al estudio de estrategias que permitan disminuir el tamaño del infarto para poder así preservar la función cardíaca, mejorando el pronóstico a futuro de los pacientes y su calidad de vida. Estas investigaciones buscan comprender el efecto de cada una de las intervenciones sobre la recuperación del tejido cardíaco y los mecanismos involucrados, para luego hacer más eficiente su implementación en el ámbito clínico.
En este artículo, presentaremos algunas de las principales estrategias cardioprotectoras que se encuentran en estudio en la actualidad, que clasificaremos en tres grandes grupos: condicionamiento farmacológico, isquémico o remoto.
Entre fármacos y endulzantes naturales: el condicionamiento farmacológico
Una gran variedad de estrategias farmacológicas se encuentran en estudio para el tratamiento del daño por isquemia-reperfusión. Una de las posibilidades que genera gran interés es la implementación de terapias con estatinas, fármacos comúnmente utilizados para la regulación de los niveles de colesterol plasmático. “Muchas personas realizan tratamientos con estatinas de manera independiente a presentar o no un problema cardiológico. En nuestro trabajo pudimos identificar que esas intervenciones previas al desarrollo de un infarto eran cardioprotectoras”, cuenta la doctora María Gabriela Marina Prendes, investigadora de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (FFyB) y directora de uno de los proyectos de investigación sobre los efectos de la rosuvastatina a nivel cardíaco. “Observar estos efectos de cardioprotección enfatiza la importancia de conocer los mecanismos mediadores. Nuestra mirada está puesta en todas las acciones que mejoran la función mitocondrial, ya que se sabe que la disfunción de esta organela cumple un rol central en el daño por isquemia-reperfusión”, continúa explicando la investigadora.
Nuestra mirada está puesta en todas las acciones que mejoran la función mitocondrial, ya que se sabe que la disfunción de esta organela cumple un rol central en el daño por isquemia-reperfusión.
Otra alternativa interesante es la utilización de compuestos de origen natural. Este es el caso del steviósido, compuesto proveniente de la Stevia rebaudiana bertoni, planta conocida por sus propiedades endulzantes. La doctora Victoria Mestre Cordero, de la Cátedra de Fisiología de la FFyB, estudió los efectos cardioprotectores de este compuesto durante su doctorado. “En el momento en el que empecé con mi tesis doctoral, la stevia se estaba poniendo de moda y comenzaba a utilizarse como edulcorante. Lo cierto es que a los individuos con riesgo cardiovascular se les suele recomendar un cambio de hábitos, y estos están asociados a cambios en la alimentación que implican migrar de los azúcares refinados a los endulzantes”, explica Mestre Cordero.
En su tesis doctoral, pudo demostrar que el steviósido no produjo ningún daño a los animales, y mejoró la recuperación postisquémica del corazón. Respecto a una posible implementación del steviósido en la clínica, la doctora se muestra optimista: “No hay estudios clínicos hasta el momento, pero numerosos estudios de investigación básica avalan los efectos beneficiosos del steviósido”.
Curando el infarto con más infarto: el condicionamiento isquémico
En 1986, Charles E. Murry y colaboradores publicaron por primera vez sus hallazgos respecto al precondicionamiento isquémico, estrategia que consiste en la aplicación de ciclos cortos de isquemia-reperfusión previos a una isquemia prolongada. En ese primer estudio, realizado en perros, observaron una disminución del tamaño de infarto de hasta un 25 %. Posteriores estudios respecto al precondicionamiento isquémico demostraron también mejoras en la recuperación funcional del corazón.
Sin embargo, la implementación clínica de esta estrategia era la principal complicación: ¿cómo anticiparse a la aparición de un infarto en un paciente para poder precondicionarlo adecuadamente? Fue entonces que, en 2003, los doctores Zhi-Qing Zhao y Jakob Vinten-Johanssen de la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory (Georgia, EE.UU.), tuvieron la idea de aplicar un método similar, pero posterior al infarto. Así nació el poscondicionamiento isquémico, que consiste en la aplicación de breves ciclos de reperfusión-isquemia luego de una isquemia sostenida.
Hasta el día de hoy, múltiples estudios en animales han demostrado resultados favorables ante el empleo de esta estrategia: menor tamaño de infarto, mejor recuperación funcional e incluso una mejora en la función mitocondrial. A pesar de esto, su utilización en la clínica ha obtenido resultados controvertidos: si bien algunos estudios reportaron menor tamaño de infarto y mejor recuperación a largo plazo en pacientes a los que se les realizó el poscondicionamiento al colocar un stent, otros estudios no reportaron tales efectos beneficiosos.
Múltiples estudios en animales han demostrado resultados favorables ante el empleo (del poscondicionamiento isquémico): menor tamaño de infarto, mejor recuperación funcional e incluso una mejora en la función mitocondrial.
“Resulta fundamental estudiar, desde la investigación básica, cuáles son los mecanismos moleculares involucrados en la cardioprotección que ejerce el poscondicionamiento isquémico, para identificar las diferencias con lo que está ocurriendo al aplicarlo en pacientes. Esa será la mejor estrategia para poder luego mejorar su implementación en la clínica”, explica la doctora Romina Hermann, investigadora del Laboratorio de Metabolismo y Fisiopatología Cardíaca de la FFyB.
Curando desde lejos: el condicionamiento remoto
El concepto de condicionamiento remoto surgió cuando un grupo de científicos del Heart Institute de Los Ángeles observaron que la oclusión de una arteria coronaria por períodos breves resultaba en la disminución del tamaño de infarto en una región vascular vecina. Estudios posteriores demostraron que eventos isquémicos en las extremidades o incluso en otros órganos resultaban protectores ante una isquemia cardíaca, lo que le valió su nombre a este método.
(El condicionamiento remoto) puede realizarse en las extremidades mediante la utilización de dispositivos de oclusión similares a los utilizados para la determinación de la presión arterial.
Al igual que el condicionamiento isquémico, el condicionamiento remoto puede realizarse de manera previa o posterior a la isquemia. Esta estrategia resulta atractiva debido a su baja invasividad y rapidez de aplicación: puede realizarse en las extremidades mediante la utilización de dispositivos de oclusión similares a los utilizados para la determinación de la presión arterial, con ciclos de duración entre 3 y 10 minutos. Sin embargo, los resultados de los principales ensayos clínicos no han sido hasta el momento tan esperanzadores como los obtenidos desde la investigación básica.
Perspectivas a futuro
Resulta evidente, de lo analizado en este artículo, que el camino por recorrer es aún significativo. Son muchas las estrategias con resultados prometedores desde la ciencia básica que luego fallan en su traslación a la clínica, por causas variadas. Sin embargo, es importante destacar que son los resultados obtenidos de la investigación en modelos animales o celulares los que permiten conocer las vías que se ponen en marcha a nivel molecular e identificar así los potenciales blancos terapéuticos.
Son los resultados obtenidos de la investigación en modelos animales o celulares los que permiten conocer las vías que se ponen en marcha a nivel molecular e identificar así los potenciales blancos terapéuticos.
Como comentó la doctora Marina Prendes, la investigación de estrategias cardioprotectoras en la actualidad está comenzando a centrarse en el estudio de lo que ocurre a nivel mitocondrial, y esto se debe a que los resultados de décadas de investigación básica evidenciaron la importancia que tenía la preservación de esta organela para atenuar el daño por isquemia-reperfusión. Utilizando estos conocimientos como herramienta, el hallazgo de una estrategia sencilla, eficaz e implementable en la clínica puede ser una realidad en el futuro cercano.

María de las Mercedes Fernández Pazos es bioquímica (UBA). Realiza su tesis doctoral con una beca CONICET en el Laboratorio de Metabolismo y Fisiopatología Cardíaca de la Cátedra de Fisiología, Facultad de Farmacia y Bioquímica, UBA (FFyB-UBA), donde se desempeña también como jefa de Trabajos Prácticos. Se formó en el Curso de Divulgación Científica de la FFyB-UBA.
Fuentes
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