El doctor Diego Flichman, especialista en Bioquímica por la Universidad de Buenos Aires (UBA) en el área de Virología, aportó una visión integral sobre el crecimiento reciente del dengue en la Argentina.
Las epidemias de 2023 y 2024 fueron las más extensas registradas en la Argentina y su aparición consecutiva rompió el patrón histórico de brotes espaciados por períodos de 3 a 5 años. “La epidemia de 2024 fue la más grande de todas y, además, ocurrió ´pegada´ a la segunda más grande que fue la de 2023”, expresó Diego Flichman, profesor adjunto de la cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires.
Según el experto, este cambio responde a una sumatoria de factores: la adaptación del Aedes aegypti a temperaturas más frías, el calentamiento global, la densificación urbana y la presencia creciente de mosquitos ya infectados desde la fase larvaria.
Flichman recordó que, aunque en las décadas de 1960 y 70 existieron campañas masivas de control vectorial con DDT que redujeron significativamente su circulación, su prohibición por toxicidad y la falta de otras políticas sanitarias permitió que el mosquito volviera a expandirse en las décadas siguientes. “Intervenir en el ambiente —señaló— siempre implica riesgos ecológicos, por lo que cualquier estrategia debe evaluar potenciales consecuencias colaterales”.
“Otro factor que contribuye a la trasmisión de los virus es la movilidad humana, que en las últimas décadas se ha incrementado notablemente. El especialista ilustró este cambio con una comparación histórica: “En la época de Cristóbal Colón, si algún infectado viajaba en esas expediciones, probablemente durante la travesía se curaba o se moría, era poco probable que llegase a desembarcar con capacidad de contagiar a otras personas”, dijo. Y agregó: “En cambio, en la actualidad una persona que está en China, toma un avión y en pocas horas está acá, aun antes de presentar síntomas”.
En relación con la dinámica de transmisión, el especialista destacó que alrededor del 70 % de las personas que contraen dengue cursan la infección en forma asintomática, por lo cual desconocen su condición, que implica el riesgo de reinfecciones con serotipos distintos y, por ende, cuadros más severos. También remarcó que el manejo clínico durante los brotes suele basarse en diagnóstico presuntivo, priorizando el control de síntomas y la vigilancia de signos de alarma.
Respecto a las vacunas, indicó que evaluar la eficacia es una tarea compleja, ya que la población en estudio debe estar expuesta a los cuatro serotipos del virus. Aun así, constituyen una herramienta valiosa, especialmente para quienes ya tuvieron contacto previo con el virus. Considérese que la eficacia de una vacuna se mide en condiciones ideales, en ensayos clínicos, y la pregunta pertinente es ´¿qué tan bien funciona esa vacuna?´; mientras que la efectividad se evalúa en el mundo real, donde la pregunta es ´¿qué tan bien funciona la vacuna en la población general con todas sus variaciones de vida y salud?´. De todos modos —recalcó Flichman—la vacuna contra el virus dengue es un avance positivo, ya que ofrece una herramienta adicional frente al arbovirus de mayor propagación en la actualidad”.
“La forma de identificar que una persona se infectó o vacunó es mediante la detección de anticuerpos. Al ser tetravalente, esta vacuna genera anticuerpos contra los 4 serotipos virales. Los niveles de anticuerpos inducidos por la vacuna contra cada una de los serotipos aún no han sido esclarecidos definitivamente. Hay todavía un marco de incertidumbre porque es como probar cuatro vacunas simultáneamente. Es un panorama complejo”, señaló el investigador.
En el caso de los serotipos 1 y 2 la eficacia contra la infección, en general, y la hospitalización, en particular, está validada. Respecto a los serotipos 3 y 4 se requerirá más tiempo hasta que la población que fue vacunada se exponga a ellos.
Finalmente, Flichman, también investigador principal del Conicet, hizo mención sobre el desafío que suponen las transfusiones sanguíneas en tiempos de epidemia. “En los bancos de sangre, se testean los agentes que causan enfermedades persistentes como puede ser los virus de hepatitis C, hepatitis B, HIV, HTLV; así como Chagas, sífilis y brucelosis, pero sería inviable testear todos los patógenos existentes”.
En el marco de una epidemia causada por un arbovirus, los donantes podrían transmitir el virus al receptor, situación ya documentada. Para el especialista, este riesgo exige criterios específicos de vigilancia y protocolos diferenciados para las poblaciones más vulnerables.
El experto se refirió, además, a cómo proteger a los lactantes. “Con mosquiteros. A los bebés no se les puede aplicar repelentes, entonces hay que tenerlos vestidos, cubiertos, en los espacios abiertos. También, tener en cuenta que el vector es más activo al atardecer, particularmente en espacios al aire libre. Entonces, se puede evitar la exposición en ciertos momentos”, expresó el virólogo, quien trabaja en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS, CONICET-UBA).
LAS ARBOVIROSIS. UN DESAFÍO A FUTURO
Existe una vasta lista de virus con potencial emergente, a la espera de condiciones favorables para su propagación. Muchísimos de estos virus son aún desconocidos, otros ya han sido identificados hace décadas.
En la década de 1970 el virus zika era poco conocido, aun cuando había sido identificado en 1947 en la selva Zika, cerca de Entebbe, en Uganda. En 2014 el virus se propagó al este a través del océano Pacífico hacia la Polinesia Francesa, y después hacia la isla de Pascua para llegar en 2015 y 2016 a América Central, el Caribe y América del Sur, donde el brote epidémico del zika ha alcanzado niveles pandémicos. Algo similar ocurrió con el virus chikungunya.
Otro ejemplo, la enfermedad por el virus oropouche (OROV), que es una infección febril causada por un arbovirus del género Orthobunyavirus, perteneciente a la familia Peribunyaviridae, identificado por primera vez en 1955 en Trinidad y Tobago. Los brotes han sido más frecuentes en la región de la Cuenca Amazónica, donde el vector más conocido, el jején (Culicoides paraensis), mantiene un ciclo selvático que involucra a hospedadores como perezosos y primates no humanos. De allí que al oropouche se lo conozca también como fiebre del perezoso.
“En los últimos años el virus oropouche ha comenzado a expandirse a través de Brasil y a circular en regiones donde previamente no era detectado. Mientras haya un virus que ocupe el nicho ecológico, raramente otro virus logre establecerse. Por eso, si algún día el dengue logra ser contenido, hay una ´fila´ de virus esperando para ocupar ese nicho”, destacó el especialista. Otros virus trasmitidos por artrópodos, tal vez menos “populares” son el virus del Nilo Occidental (west Nile), ampliamente difundido en Estados Unidos; el virus de la encefalitis en San Luis, que actualmente circula en la provincia de Córdoba; o la encefalitis equina de Venezuela.
“En los últimos años en Europa también empezaron a detectarse casos autóctonos de arbovirosis, salvo en países septentrionales como Noruega o Suecia. En el sur de Francia e Italia se han descripto brotes de zika y chikungunya. Así también, entre finales de 2022 y 2023, Paraguay experimentó el peor brote de chikungunya. Las arbovirosis representan un desafío sanitario, con una marcada tendencia a la permanencia y una expansión geográfica sostenida”, advirtió finalmente Flichman.
Nota
El virus del dengue (DENV) es un arbovirus de la familia Flaviviridae, perteneciente al género Orthoflavivirus. Los arbovirus son un conjunto diverso de virus que se transmiten al ser humano o a otros vertebrados a través de ciertas especies de artrópodos hematófagos, especialmente insectos, como moscas y mosquitos; y arácnidos, como las garrapatas. Ya se han identificado más de 250 y se estima que al menos 80 especies tienen capacidad de enfermar al ser humano.
Los Centers for Desease Control and Prevention de los Estados Unidos (CDC) han elaborado un catálogo de arbovirus. Los invitamos a navegar por ese catálogo en: https://wwwn.cdc.gov/arbocat/
Bibliografía
Huang, Y.-J. S.; Higgs, S.; Vanlandingham, D. L. (2017). Biological Control Strategies for Mosquito Vectors of Arboviruses. Insects, 8, 21. https://doi.org/10.3390/insects8010021)
Taning, C. N. T., Van Eynde, B., Yu, N., Ma, S., Smagghe, G. (2017). CRISPR/Cas9 in insects: Applications, best practices and biosafety concerns. J InsectPhysiol.,98:245-257. doi: 10.1016/j.jinsphys.2017.01.007.
PAHO. Enfermedad por virus Oropouche. https://www.paho.org/es/temas/enfermedad-por-virus-oropouche
Boletín Epidemiológico Nacional N 797, 2 de marzo de 2026. https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2026/01/ben-797-se-7.pdf

Gustavo Yllatopa López es médico pediatra por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y director del Centro Médico Glew.

Luciano Cirigliano es comunicador social, productor de radio y TV, conductor radial, management de prensa y director general de un multimedio digital.
Se formaron en comunicación en salud en el Curso de posgrado en Periodismo Médico de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico (SAPEM), Asociación Médica Argentina (AMA).


