ANTIVACUNAS, TERRAPLANISTAS, NEGACIONISTAS… O LA TIRANÍA DE LA FALACIA

Analizar y comprender cómo se establecen y consolidan las configuraciones mentales de quienes caen bajo el influjo de las teorías conspirativas, por caso los antivacunas, los terraplanistas, los cultores de las terapias ´alternativas´, constituye un desafío urgente. He aquí unos primeros pasos para la formación de divulgadores y periodistas científicos, y profesionales de la salud que se especializan en comunicación sanitaria y periodismo médico.

 

Una experiencia de producción, reflexión y análisis

El interés y la demanda de abordar el “tema de los antivacunas” fue creciendo paulatinamente durante los últimos cinco años entre los participantes de los cursos de posgrado en Divulgación Científica y en Periodismo Médico, de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, UBA y de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico (SAPEM) de la Asociación Médica Argentina. Pero fue en 2019 cuando en la SAPEM un grupo de alumnas escogió ese tema para su trabajo final (que se incluye en esta misma actualización de En Foco). Se trataba de proveer un conjunto amplio de conocimientos conceptuales, pero además procedimentales y actitudinales, que fueran puestos en juego no solamente en este ejercicio de producción textual para En Foco, sino que pudieran ser aplicados en sus propias asociaciones profesionales, así como en sus interacciones con pacientes, primordialmente padres y madres, en situación de ´consultorio´ y ´hospital´; también en interacciones sociales, como charlas con agentes sanitarios y miembros de la comunidad general, tareas todas que habitualmente estas médicas, hoy ya graduadas en Periodismo Médico, realizan*.

Ello demandó que efectuaran una detallada revisión de la bibliografía científica de los últimos veinte años, que a su vez fue compartida y contrastada con la que se venía realizando en el Centro de Divulgación Científica de la FFyB, compuesta por más de 300 trabajos publicados entre 2000 y 2019, encarados desde la psicología social, la sociología, los estudios de la comunicación, la psiquiatría y las ciencias del comportamiento, la medicina, la salud pública, la educación, el estudio de sistemas computacionales, las ciencias políticas y el derecho, entre otras. Asimismo, al haber utilizado una metodología similar, pudimos además contrastar nuestros resultados con los de los investigadores mexicanos Irene Córdova Jiménez, de la Universidad de Guadalajara y Luis Alfonso Durá Montes, del Instituto Mexicano de la Seguridad Social, publicados en 2018.

De nuestro corpus de análisis fueron seleccionados los trabajos que intentaran develar cómo están construidos los argumentos que las personas reticentes total o parcialmente a la vacunación formulan y expresan; qué influencias parecen tener los medios de comunicación y particularmente los medios y plataformas digitales, y en especial cómo influye la internet en la generación, difusión y dación de ´credibilidad´ a las teorías conspirativas que pueden afectar la toma de decisiones en materia de salud y calidad de vida. También fue un objetivo analizar si, como predicen numerosos trabajos que analizaron las configuraciones mentales de los llamados ´conspiranoicos´**, sus argumentos y recursos retóricos devienen en universales, puesto que se los halla con notables similitudes en los más diversos idiomas. Se ha podido verificar esto en el trabajo dirigido por Pietro Ghezzi, de la Brighton and Sussex Medical School de Gran Bretaña, quien junto con investigadores brasileños, belgas, australianos y singapurenses realizó búsquedas del lema “vacunas autismo” en Google como motor: en inglés estándar con Google.com, y en inglés de Gran Bretaña, inglés australiano, francés, portugués, italiano, mandarín y árabe en las versiones ¨vernáculas¨ de ese motor de búsqueda. Las conclusiones fueron publicadas en 2018 en la revista Frontiers in Inmunology.

Mientras tanto, en el Centro de Divulgación Científica decidimos adaptar una estrategia de análisis crítico del discurso que habíamos puesto a punto a principios de la década de 1990 con la inestimable colaboración de la profesora Mabel Marro, experta en Lingüística, en Semiótica, en Análisis del discurso y en Didácticas especiales de la producción y la comprensión de textos. El objetivo era, por entonces, estudiar la retórica –y su eficacia para promover el consumo y hasta incitar a la automedicación— en las publicidades de medicamentos de venta libre, principalmente de aspirina y otros analgésicos, antiácidos, jarabes para la tos, entre otros. Habíamos notado que los anuncios incrementaban superlativamente su aparición en las tandas publicitarias, pero también dentro de los programas televisivos de ficción y de no ficción, tanto que era cada vez más común ver locutores, conductores y hasta actores de programas de gran audiencia “recomendando” a la población el uso de tal o cual medicamento. Debe decirse que ese fenómeno no ha hecho más que consolidarse y crecer en la TV de aire y de cable y la radio argentinas en estos casi 30 años. Pero eso, es harina de otro costal. La adaptación ha resultado posible porque en ambos casos la materialidad discursiva con que trabajamos constituye discurso público argumentativo expresado por los medios de comunicación.

Las estrategias de análisis se basan, principalmente, en el análisis crítico del discurso propuesto por el psicosociolingüista holandés Teun van Dijk, a lo que últimamente sumamos una perspectiva de análisis del discurso multimodal aplicado al discurso antivacunas, propuesto por las investigadoras estadounidenses Junxuan Ma y Lybbe Stahl. Consecuentemente, esas estrategias de análisis fueron ensayadas con discursos naturales de personas reticentes a la vacunación expresados públicamente.

 

“VACUNAS SÍ, VACUNAS NO”, UN FALSO DILEMA

La primera instancia de análisis se registró el 12 de abril de 2019, en un polémico programa de la tarde en un canal de aire, que promedia unos 7 puntos de rating. El zócalo del programa fue "Vacunas sí, vacunas no": como si se tratara de un debate plausible, por un lado. Por otro, se trató de un ´contrapunto´ entre el médico Claudio Santamaría y Carlos Kambourian, director del Hospital Garrahan; y Eduardo Yahbes, uno de los impulsores del movimiento que resiste a la vacunación; como si fuesen posturas igualmente respaldadas por la medicina y la epidemiología.

Para mayor infortunio, este ´debate´ imposible se daba en el momento en que crecían los casos de sarampión en el país y recrudecían los reclamos de varias provincias por el faltante de vacunas que permitiera cumplir con el calendario obligatorio, uno de los más completos del mundo, por cierto. Claramente no eran momentos para favorecer la confusión y la duda en los padres que debían vacunar a sus hijos, y a la población general. Las críticas y cuestionamientos de otros conductores de TV, periodistas, famosos e internautas no cesaron de llover, tanto que se registraron una docena de denuncias ante la Defensoría del Público, quien además de hacer comparecer a los protagonistas del hecho --la conductora y el productor responsable-- los hizo comprometerse, como modo de reparación simbólica, a que el programa realizaría una nueva emisión informativa sobre la vacunación, pero esta vez con información fidedigna y relevante para la sociedad. Asimismo el organismo alertó que «el programa propone un encuadre del tema (la vacunación de la población) que propicia la difusión de información confusa a las audiencias». A lo que agregó que algunos comentarios realizados por la conductora dan lugar «a ese sentido inconveniente, diluyendo el carácter de obligación y responsabilidad que comporta la vacunación de la sociedad». Por su parte, la Sociedad Argentina de Pediatría también emitió un contundente comunicado.

               

Y SOBRE LLOVIDO, MOJADO

Otra instancia de análisis se registró la última semana de noviembre de 2019, en la que un actor argentino de series televisivas y teatro, de mucho reconocimiento en públicos juveniles, declaró públicamente ser terraplanista y, en la misma semana, se confesó también contrario a la vacunación. Sabido es que hay una alta tendencia en personas proclives a respaldarse en teorías conspirativas (TC) a desarrollar diversas creencias sin sustento, así que al mismo tiempo pueden ser terraplanistas, antivacunas, cultores de las ´medicinas alternativas´, descreer del alunizaje… y más.

Es que las TC permiten, a quienes las sostienen, disminuir la incertidumbre y la ansiedad al reducir el espectro de complejidad de una amenaza potencial. Por un lado, la falta de información y de confianza es causa de incertidumbre. Inversamente, el aluvión informativo, como ese totum revolutum de información desjerarquizada y contradictoria que ofrece ´la net´, también lo es. Las TC, entonces, vienen a ser una explicación “fácil” que permite interpretar estas situaciones y que se relacionan con el sentido común para disminuir esa ansiedad. Una retórica altamente persuasiva y conmovedora es la segunda de las características de estas teorías. Las TC se comportan como un dispositivo retórico que compite en difusión y comprensión con la ciencia, pero con ideas más fáciles, ´amigables´, aptas para todo público. “Una retórica que al ser consumida por el público permite posicionarse en contra del establishment, rechazar la ciencia y la tecnología, oponerse a la ortodoxia, deconstruir las versiones oficiales y seguir heurísticas que les producen la sensación de control de las consecuencias”, como plantean Córdova Jiménez y Durán Monte.

La armazón argumentativa de estas personas suele estar plagada de falacias de causa falsa, de prejuicios de confirmación, de apofenias, de generalizaciones apresuradas, entre otros vicios, como podrá observarse en los breves fragmentos de discurso natural que exponemos a continuación. En la caja de herramientas que se adjunta, se hallarán definiciones de las falacias más frecuentes, dadas en ´modo divulgación´. Debe dejarse constancia que el entrevistado posee amplio reconocimiento social, con lo que puede operar como influencer; dada esa característica es que sus ´ideas´ fueron generosamente difundidas en los más variados medios de comunicación gráficos, radiales, televisivos y digitales argentinos.

 

Terraplanista

“Entro a plantearme sobre el terraplanismo hace cuatro años. Pongo el ejemplo de Galileo Galilei, que siempre se oponía a lo instalado, y dije: ¿si es al revés. Luego explicó que aquella duda lo llevó a estudiar ambas teorías enfrentadas: la esférica y la terraplanista. “Me fui hasta los griegos –advirtió–, había quienes decían que todo giraba alrededor del Sol o de la Tierra y me parece súper interesante más allá de cuál es la verdad. Que todavía no la sabemos. Yo no lo vi: no salí de la Tierra para ver que es redonda. Tampoco salí y me encontré con una pared de hielo. Y lo que sé es que esto me alimentó la duda. Y es bienvenida en mi vida, necesito dudar”. (…)

Se refirió (también) a un discurso del ex presidente de Estados Unidos Barack Obama. “Lo veo sacado diciendo: ‘La Tierra no es plana’. ¿Por qué te ponés tan nervioso? Si te ponés tan nervioso es porque algo ahí hay, dentro de sí mismo, y la posibilidad que uno tiene de poner en duda lo que aceptó como verdad”.

(Infobae, 28 de noviembre de 2019)

 

La referencia a Galileo pretende conferir racionalidad a su postura de duda frente a hechos largamente probados (argumento ad verecundiam). Dice comportarse al igual que Galileo, “que siempre se oponía a lo instalado”; bien, pero Galileo se opuso a creencias falsas, mientras que este actor, mediante una estrategia de inversión, opone creencias falsas a evidencias largamente demostradas. Es una cosmovisión del mundo que proviene en gran parte de creencias New Age. Como se describe ampliamente en la literatura corriente, esta cosmovisión provoca diferencias en la interpretación de la evidencia, de la ley, del riesgo y de la ciencia. “Estudiar ambas teorías enfrentadas”, habla de la presentidad, como si estuvieran enfrentadas hoy. “Me fui hasta los griegos…”, por un lado, el autodidactismo no siempre constituye la mejor opción; por otra parte, a esta falacia de ambigüedad de ´irse a los griegos´, se le suma una falacia de exclusión de datos relevantes, puesto que ya “algunos” filósofos griegos antiguos planteaban la esfericidad de la Tierra en el siglo VI a. C. Además, re-habilitar legítimamente una contrastación de ´teorías´ cuya polemización ya fue zanjada  hace demasiado tiempo, requiere necesariamente que se hayan obtenido  nuevos datos y evidencias, y este no es el caso.

“Me parece súper interesante más allá de cuál es la verdad. Que todavía no la sabemos”, delata el posmodernismo apócrifo que parecen profesar las personas de pensamiento conspirativo los conduce a desdeñar o despreciar los hechos y evidencias. “Yo no lo vi: no salí de la Tierra para ver que es redonda”, frente a esto aportamos una aguda observación de uno de los miembros del Comité editorial de En Foco, cuando expresó: “Tampoco vio un átomo, entonces, ¿eso lo autorizaría a descreer de la existencia de la materia?”.

 

Contrario a las vacunas

En un audio que se difundió profusamente en redes sociales, el actor se mostró contrario a lo que explicó de la siguiente manera: "te voy a dar una inyección para prevenir algo que en realidad a veces digo (sic)... se está... muchas versiones son que muchas de las enfermedades que dan vuelta son enfermedades generadas por los laboratorios para después poder vender", dijo durante una conversación radial.

"Por las dudas que no la tenga... vamos a ver", acotó y aseguró que su médica le dijo que "no es necesario" aplicar vacunas. En el mismo sentido, puso como ejemplo que "en algunos países... en Alemania ya no se vacuna", algo que es falso a tal punto que en los últimos meses el gobierno de ese país impuso multas de 2.500 euros para los padres que no vacunaran a sus hijos contra el sarampión.

No conforme (…) fue por más: "Las vacunas que caen acá (sic) son vacunas que dan vueltas y tienen que caer en algún lado y caen acá en el cementerio de vacunas... las mandan a los países en desarrollo", esgrimió también (…).

(Infonews, 29 de noviembre)

 

En este fragmento se observa con claridad cómo operan las teorías conspirativas: ´enfermedades que han sido generadas por los laboratorios para poder así vender sus productos´, consiste en una falacia de causa que tiene el fin de sembrar confusión respecto a las verdaderas causas de las enfermedades (falacia non causa pro causa). “Vacunas que ´caen´ acá en la Argentina”, ocurre que cuando no se quiere revelar las verdaderas causas de los fenómenos –o se las desconoce– es frecuente acudir a usos metafóricos del orden de lo natural, como los fenómenos climáticos; o de lo sobrenatural, así las vacunas ´caen´, donde se ignora quién es el agente todopoderoso con capacidad de hacerlas ´caer´. Además, la Argentina, a su juicio, es un país ´cementerio de vacunas´ que son enviadas por los países desarrollados a los países en desarrollo, traducido: alude a complots, confabulaciones y conjuras inter/multi/supranacionales, fraguados en el más completo oscurantismo. Podría continuarse el análisis de este prolífico encadenamiento de falacias, pero ya parece suficiente por su enorme poder ilustrativo.

El problema es que el discurso de los actores sociales que gozan de amplio conocimiento se escurre de los circuitos más marginales, como los entornos que brindan las redes, para instalarse y ser repetido hasta el hartazgo en medios periodísticos tradicionales, con la posibilidad real de que tales falsos argumentos tiendan a naturalizarse como posibles, plausibles y legítimos.

 

Amalia Beatriz Dellamea.

Codirectora y profesora, Curso de Divulgación Científica, Secretaría de Posgrado, FFyB-UBA, y profesora, curso de posgrado en Periodismo Médico, Módulo de Medios Digitales, Sociedad Argentina de Periodismo Médico (SAPEM) de la Asociación Médica Argentina (AMA).

 

Notas

* Para el desarrollo de esta sección se ha seguido las reflexiones obrantes en las bitácoras de los cursos de Divulgación Científica (FFyB-UBA) y de Periodismo Médico (SAPEM, Asociación Médica Argentina).

**El término conspiranoia es adecuado y preciso para referirse a la tendencia  a interpretar determinados acontecimientos como fruto de una conspiración. Esta voz, acuñada en 1989 por el sociólogo Enrique de Vicente a partir de conspiración y paranoia, se empezó a utilizar con sentido humorístico, irónico o despectivo, para referirse a la obsesión por las teorías conspirativas cuando se consideraban sin fundamento, basadas en datos falsos: «Si la conclusión parece la conspiranoia de un fanático, el libro ofrece pruebas contundentes» o «Esta circunstancia resulta determinante para la conspiranoia según la cual los gatos terrestres no son terrestres, sino espías de otro mundo». Recomendación Fundéu, 28 de octubre de 2019. Ver: https://www.fundeu.es/recomendacion/conspiranoia-conspiranoico/

Agradecimiento: al Lic. en Comunicación Social Leonardo Santolini, de la Subsecretaría de Comunicación y Cultura, FFyB-UBA, por la lectura crítica del texto y sus valiosos comentarios y sugerencias.

 

Bibliografía consultada

Arif, Nadia y col. Fake News or Weak Science? Visibility and Characterization of Antivaccine Webpages Returned by Google in Different Languages and Countries. Front. Immunol., 05 June 2018.

Dellamea Amalia Beatriz; Drutman, Joel. Publicidad de Medicamentos: ¿Derecho a la salud? ¿O incitación al abuso y la automedicación? (Primer premio). III Congreso Internacional de Periodismo Médico y I Congreso Virtual Mundial de Periodismo y Temas de Salud, SAPEM, Asociación Médica Argentina, Bs. As., 2003.

Dellamea, Amalia Beatriz; Marro, Mabel Susana y Goldberg, Ricardo D. Incitación al consumo de medicamentos y a la automedicación en medios masivos. Análisis crítico del discurso aplicado al caso argentino. The II World Conference of Science Journalists (WCSJ), San José dos Campos, Brasil, 2002.

Ma, Jinxuan y Stahl, Lynne. A multimodal critical discourse analysis of anti-vaccination information on Facebook. Library & Information Science Research. Vol. 39, Issue 4, October 2017: 303-310.

Mitra, Tanushree; Count, Scott; Pennebaker, James W. Understanding Anti-Vaccination Attitudes in Social Media.  Proceedings of the Tenth International AAAI Conference on Web and Social Media (ICWSM), 2016.

 

 

UNA PROPUESTA

Con los mismos ´argumentos´ que se utilizan para desacreditar la eficacia de las vacunas y alertar sobre su ´peligrosidad´ podría argumentarse con igual desparpajo sobre muchos otros tópicos, por ejemplo la ´peligrosidad´ que implica el uso de cinturones de seguridad. Ver http://persephonemagazine.com/2014/04/i-will-not-follow-the-herd/

O su versión en español: http://www.ciencioides.com/2015/02/12/no-voy-a-ser-parte-del-rebano/

 

 

APOSTILLA

VACUNAS: INTERNET Y REDES SOCIALES EN EL OJO DE LA TORMENTA

 

El siglo XXI nos iba a deparar una sorpresa: es creciente el número de ciudadanos que en el mundo, y muy particularmente en los países desarrollados, exhiben desinterés, cuando no menosprecio y hasta desdén, por los hechos y las evidencias, caldo de cultivo para creer en fake news de cualquier talante, en teorías conspirativas y en explicaciones reduccionistas y hasta carentes de toda lógica de los acontecimientos y procesos geopolíticos, históricos, socioculturales, económicos, científicos y técnicos.

Tierra fértil para los terraplanistas, los negacionistas y neonegacionistas del cambio climático, para quienes dudan de que el hombre haya llegado a la Luna, para los renuentes a la vacunación… Decimos ´renuentes´ por no denominarlos ´anti-´, dado que expertos de las más variadas disciplinas advierten sobre esta inconveniencia. Resulta que anteponer ese prefijo a la nominalización ´vacunación´ implica situarlos en un plano de igualdad y como legítimos oponentes a los ´provacunación´, cuando mientras que los primeros arguyen datos falsos como sostén, los segundos se apoyan en comprobaciones científicas indubitables. Pero, además, podría constituir un llamamiento para que se sumen a estas posturas huestes de personas supuestamente ´empoderadas´ que desconfían de las instituciones establecidas, de la autoridad de los expertos que detentan los saberes acreditados, y solo se fían de sus capacidades individuales de acceder, leer, procesar y comprender los datos por sí mismos, eliminando las mediaciones.

Para quienes estudiamos Ciencias de la Comunicación entre fines de la década de 1970 y mediados de la de 1980, las nuevas tecnologías de la información, cuyo advenimiento ya se avizoraba, ofrecían un panorama optimista: ´Cuando los que no tienen voz por fin la tengan…´, solía escucharse como una letanía en cuanto congreso de expertos y hasta de estudiantes de la especialidad se congregara. Pero algunos ´detalles´ no fueron considerados por entonces, ¿qué debía pasar antes de que esta utopía se concretara? Además de la alfabetización lingüística –en tanto capacidad de leer y escribir, objetivo que incluso hoy no se ha logrado universalmente– debía contarse con que los ciudadanos tuviesen afiatadas competencias sociales, como las comunicativas de orden superior que conllevan a una capacidad analítica, reflexiva y de control y monitoreo de las diversas situaciones de comunicación en las que se vean involucrados, o que por sí mismos pudiesen generar. Y muy especialmente, el desarrollo de una competencia táctico-retórica para lograr efectividad en las acciones lingüísticas y comunicativas, pero también en la utilización concreta de las informaciones en el proceso de toma de decisiones razonadas y razonables para resolver problemas de la vida cotidiana en todos sus órdenes. Y ni que hablar del requerimiento de competencias discursivas críticas que permitan desentrañar las intencionalidades, no siempre benévolas, que se agazapan dentro, entre, detrás y sobre determinados mensajes, medios y situaciones de comunicación. Ya se nos escapa 2019 y lejos estamos de festejar esos logros.

 

DEL OPTIMISMO INICIAL AL DESALIENTO ACTUAL. PERO QUE NO DECAIGA…

En 1996, el catedrático de la Universitat Oberta de Catalunya y catedrático emérito de la Universidad de California en Berkeley, Manuel Castells, en La era de la información había presentado el concepto de sociedad red como la clave que caracterizaría al siglo XXI. Una década después Henry Jenkins, profesor de Tecnología y Medios de Comunicación del MIT, en Cultura convergente, definió los tres elementos estructurantes de la cultura digital: convergencia mediática, inteligencia colectiva y audiencia participativa. Desde un primer abordaje desprevenido, esto solo podía augurar nuevas y amplias posibilidades para la ciudadanía; pero visto desde hoy puede convertirse, inopinadamente, en una bomba de tiempo cuando de información sobre salud se trata (amén, por supuesto, de informaciones sobre geopolítica, economía, política nacional e internacional, en prácticas como difusión de fakes news).

“La red puede propiciar en la opinión pública virtual una metamorfosis que la haga modificar sus comportamientos sociales. Básicamente, porque no tienen los elementos de juicio para discernir entre lo cierto y lo falso. La inteligencia colectiva es un concepto interesante desde la teoría, pero en la práctica deja a la opinión pública sin la tutela efectiva de los expertos acreditados en el conocimiento”, advierte el licenciado en Química y en Periodismo, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, Carlos Elías.

El movimiento crítico a las vacunas ha logrado difundir su postura y fortalecerla gracias a la eficiencia de la internet y de las redes sociales, y ha mostrado llegar con efectividad a las madres y los padres que buscan información y, en especial a quienes tienen dudas –aún hoy— sobre su seguridad. Como han demostrado diversas investigaciones, las redes sociales en la internet proporcionan una vía directa de los productores a los consumidores de los contenidos, modificando la forma en que los usuarios obtienen la información, debaten sobre ella, y conforman y estabilizan sus opiniones. De allí, entonces que la lupa esté puesta sobre estas tecnologías, al punto que se ha comenzado a generar un número creciente de estudios en los últimos años.

Indudablemente la viralización de estas posturas constituye una sensible preocupación y un desafío imperioso para los profesionales de la salud, los educadores, y los comunicadores y divulgadores especializados en salud y calidad de vida.

 

Caja de herramientas

Algunas falacias a las que recurren con frecuencia los partidarios de teorías conspirativas, por ejemplo los renuentes a la vacunación.

Falacia ad verecundiam o falacia de autoridad, consiste en apelar al respeto o prestigio de una persona para respaldar un argumento. Sin embargo, no siempre se trata de una falacia, se convierte en falaz cuando la autoridad es citada para manipular, o bien se la utiliza para respaldar posturas contrarias a las que dicha autoridad plantó o sostuvo.

Falacia de la causa falsa, consiste en pensar que la causa de un suceso es aquello que sucede antes. Existen varios tipos:

Non causa pro causa: confusión entre la causa verdadera y la que no lo es.

Post hoc ergo propter hoc, inferir que un acontecimiento es la causa de otro por el solo hecho de suceder antes.

Cum hoc ergo propter hoc, creer que como dos cosas han ocurrido de forma simultánea, una y otra tienen la misma causa.

Sabido es que, que haya correlación no implica necesariamente que haya causalidad.

Prejuicio de confirmación, tendencia a interpretar la información experimental de modo que apoye la hipótesis que se pretende defender.

Apofenia, tendencia a ver patrones, regularidades, orden o resultados en conjuntos de datos sin sentido, aleatorios o en fenómenos inconexos.

Sesgo de la tasa basal, fallo en el cálculo de probabilidades.

Argumentum ad passiones, apelación a las emociones: el miedo, la compasión (ad misericordiam), el ridículo, el rencor, la dignidad, la adulación, la ira...

Falacia genética, asumir conclusiones basándose solo en su origen. Apelar a la naturaleza (lo natural es bueno, lo artificial es malo) o apelar, inversamente, al invento/artefacto (lo artificial es bueno, lo natural es malo) son los casos más habituales.

Generalización apresurada o secundum quid, se toma la parte por el todo, considera una muestra pequeña y no necesariamente representativa y se basa en ella una conclusión amplia o general.

Falacia ignoratio elenchi, se ignora la refutación, desviando la atención cuando alguien pone en evidencia la impropiedad de una idea.

Ipse dixit, el poco racional «Esto es así, y punto», es decir una afirmación que se presenta como verdadera sin respaldo. Se asocia directamente con la siguiente:

* Onus probandi, se invierte la carga de la prueba. Frente al «Esto es así y punto», la contraparte dice «Demostrálo», a lo que el primer contrincante contesta «¡Demostrá vos lo contrario!».

* Ad ignorantiam, se apela a la ignorancia de una postura para asumir la contraria. Como el oponente no ha podido demostrar lo contrario, entonces es que uno automáticamente tiene la razón. Evidentemente, para tener razón es necesario demostrarlo, no basta con que el otro no pueda demostrar la postura contraria.

 

Para saber más

Escalón 1. Nivel de dificultad: intermedio

Marro, Mabel y Dellamea, Amalia. Producción de textos. Estrategias del escritor y recursos del idioma. Módulo III. 3ra. ed. Docencia, Buenos Aires, 2000.

Escalón 2. Nivel de dificultad: alto

Santamaría Suárez, Luisa y Casals Carro, María Jesús. La opinión periodística: argumentos y géneros para la persuasión. Docencia, Buenos Aires, 2000.

Escalón 3. Nivel de dificultad: muy alto

Lausberg, Harold. Manual de Retórica Literaria. Gredos, Madrid, 3 vols., 1996. (Requiere de conocimientos de griego clásico y latín.)

 

 

 

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Actualidad
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